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2020

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Ignacio Iglesias Lozano - ignacio.iglesias@havas.com CEO Havas Colombia y Central Latam

Tras unos meses de “retiro” y aprovechando el inicio del último año de este segundo decenio del siglo XXI, pese a que algunos insistan en hablar de nueva década, vuelvo a compartir con todos vosotros mi punto de vista sobre temas de nuestra actualidad y de nuestro sector.

Después de tres meses viviendo en Madrid me he dado cuenta que hay problemas, sean del tipo que sean, que afloran a uno y otro lado del “charco”.
Se podría pensar que la convulsa situación política por la que pasan la mayoría de los países latinoamericanos exarcebada en los últimos meses, no tiene parangón en Europa.

Sin embargo, por aquí podemos poner un listado interminable de situaciones conflictivas que afectan gravemente al día a día de los países. Tres ejemplos podrían servir de referencia: la llegada al poder del “peculiar” primer ministro británico Johnson y con él la salida precipitada de UK de la Unión Europea (Brexit) o la interminable huelga de servicios públicos en Francia por la situación de su sistema de pensiones o la no menor kafkiana situación política en España donde las ansias de “sillón” de algunos líderes políticos ha llevado a tener que aceptar propuestas de grupos secesionistas y al margen de la ley, para poder formar gobierno, amparado también en la cerrazón de los partidos del “otro bando”.

Si a eso le sumamos, el impeachment de Trump, la guerra comercial con China, el asesinato del líder militar iraní y sus posibles consecuencias en la zona, con el impacto en el precio del petróleo y en los mercados de valores, los incendios devastadores en Australia, las revueltas en Hong Kong…, el panorama con el que afrontaremos el año no es muy halagüeño. Sin hablar de la manipulación mediática que hacen ciertas organizaciones variopintas y dispares, de la pequeña Greta. Qué duro debe ser que te digan que siempre tienes que rezongar en lugar de hablar y que la sonrisa no puede formar parte de tu expresividad.

¿Y en nuestra industria? Pues partiendo de la base que todo lo anterior va a afectar en mayor o menor medida a nuestros clientes y que esa sensación de mundo convulso repercutirá en sus ventas, no auguro un año “sencillo”, utilizando un término eufemístico, para no parecer muy derrotista. De hecho, si la inversión publicitaria a nivel mundial se mantiene en términos reales en niveles de 2019, nos deberíamos “dar con un canto en los dientes”. Es decir, ser felices.

Lo que sí creo es que éste debe ser el año de “dar un golpe en la mesa” y, con convicción, cambiar la dinámica de nuestro negocio, porque se nos está agotando el tiempo y nuestra industria puede reducirse drásticamente. Cambiar las relaciones con nuestros clientes, haciéndolas más sanas, confiables y transparentes con un sistema de remuneración basado más en los resultados obtenidos, cubiertos costes y un mínimo margen, y en el valor de lo que aportamos, que en el coste del equipo que gestiona la relación.
Debemos ser capaces de aplicar todos los desarrollos tecnológicos, plataformas de data y analítica, nuestra capacidad creativa generando contenidos relevantes, para que las inversiones de nuestros clientes sean más eficientes y efectivas y les permitan lograr sus objetivos de negocio (los de comunicación dejaron de ser relevantes hace tiempo).

Sin embargo, todo lo anterior será imposible si no cumplimos con una condición previa y es que debemos ser honestos entre nosotros. Competir en franca lid, usando cada uno nuestras fortalezas, pero siempre dentro de los márgenes de la sensatez y la profesionalidad. Alegrarnos “sinceramente” cuando ganamos un cliente, pero no porque “se lo quitamos” a nuestra competencia…, al precio que sea (algunos casos hemos tenido en España en los últimos meses), sino porque nuestra propuesta ha sido la mejor y no la hemos regalado.

Respeto. Esta debe ser la palabra que debe marcar nuestro día a día de trabajo. Respeto con nuestro mercado, nuestros competidores, clientes, medios, empleados y por encima de todos, con los destinatarios de nuestro trabajo: los consumidores.

Ese mismo respeto debe exigirse a nuestros clientes para que pongan en valor nuestro trabajo y nos remuneren adecuadamente por ello y que no se dejen seducir “por cantos de sirena” de algunas agencias que quieren ganar relaciones a costa de lo que sea. Cortoplacistas, pero no hay pocas…
Ojalá lo logremos. ¡Feliz 2020 a todos!

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