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El pasado 1 de marzo en su discurso del Estado de la Unión, el presidente Biden emitió un fuerte pronunciamiento en contra de las empresas navieras: “Vea lo que está sucediendo con los transportistas marítimos que mueven mercancías dentro y fuera de EE.UU. Durante la pandemia, alrededor de media docena o menos de empresas de propiedad extranjera aumentaron los precios hasta en 1.000% y obtuvieron ganancias récord. Esta noche, estoy anunciando medidas enérgicas contra aquellas empresas que cobran de más a las empresas y consumidores estadounidenses”. ¿Cómo llegamos a esto?, en los últimos 25 años la industria del transporte marítimo de contenedores tuvo una tendencia al gigantismo, creciendo el número de naves y sus capacidades de transporte, multiplicando hasta por tres el tamaño de los grandes buques y llegando a capacidades por nave de hasta 24.000 Teus (denominación estándar de un contenedor de seis metros de longitud), y en consecuencia, en los diez años previos a la pandemia los fletes deprimidos dominaron el mercado, llevando a que los resultados financieros de las empresas navieras oscilaran entre las pérdidas y ganancias exiguas.
Pero esto cambió en los últimos dos años, y la ganancia de los grandes jugadores del transporte de contenedores ha alcanzado niveles exorbitantes. Tomando como ejemplo las cifras reportadas por uno de los jugadores top en la industria, y comparando los resultados de 2021 versus 2019: los ingresos se multiplican por 1,8 veces, las utilidades crecieron 25 veces, y el retorno sobre el capital invertido fue de 70% en 2021, mientras que en 2019 alcanzó 6,1%. Similares cifras se observan en otros jugadores de la industria, y desafortunadamente, la capacidad de gestión del gobierno estadounidense para regular el mercado y restringir las practicas anticompetitivas esta limitada desde hace más de 100 años por una figura de “inmunidad antimonopolio” que protege al transporte marítimo.
¿Qué viene a futuro? Desde el gobierno norteamericano ya hay varias acciones en curso: (i) Se presentaron al legislativo diferentes iniciativas de reformas para regular la industria, tanto en lo relativo a la inmunidad antimonopolio, como en mayor transparencia en las prácticas comerciales; (ii) El gobierno norteamericano esta realizando importantes inversiones en infraestructura para eliminar las congestiones en los puertos; (iii) Más por razones geopolíticas que por el “containergedon”, hay una tendencia hacia la relocalización de la manufactura al interior de Estados Unidos y hacia países cercanos, en lo que se denomina “reshoring” y “nearshoring”; y, (iv) El pasado 15 de marzo el gobierno Biden presentó la iniciativa Flow (Freight Logistics Optimization Works), la cual tiene como objeto aumentar la visibilidad y resiliencia en la cadena de suministro, por medio del desarrollo de una infraestructura digital para el intercambio transparente de datos entre los actores de la cadena de suministro, y abarca líneas navieras, puertos, operadores de terminales, camioneros, ferrocarriles, operadores logísticos y generadores de carga, como los comerciantes y la industria.
Estas iniciativas van a tener repercusión en el mercado global en el mediano plazo y aún no es claro si será en 2022 o 2023, pero no podemos quedarnos a la espera, para las empresas hay un llamado a la acción para repensar el diseño de sus cadenas de suministro en términos de infraestructura física y digital, fuentes de suministro locales y globales, y, conectividad digital y visibilidad.
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