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Analistas 24/02/2021

Anticipándose al futuro del trabajo

Hace pocos días llegó a mis manos el documento titulado The future of work after covid-19, recién publicado por McKinsey Global Institute (MGI), que estudia el impacto de la pandemia sobre el empleo en los próximos diez años, analizado desde la perspectiva de la proximidad física de los trabajadores, de sus niveles de interacción y de las características de los lugares donde se desempeñan las actividades productivas. Aunque la investigación está circunscrita a ocho de las economías más grandes del planeta, contiene algunas revelaciones que bien vale la pena revisar en el contexto de las tres tendencias que el covid-19 se encargó de acelerar de manera generalizada en todo el planeta: el trabajo remoto, la digitalización y la automatización.

Estas tres tendencias traerán como consecuencia, según MGI, una contracción de la demanda ocupacional para ciertas actividades como ventas, servicio al cliente, soporte administrativo y manufactura, y un aumento en la oferta de puestos de trabajo relacionados con la salud, las ciencias, la tecnología y la ingeniería, estimando que el número de transiciones de carrera requeridas para adaptar la fuerza laboral a las exigencias post pandemia aumentará cerca de 25% e impactará alrededor de 106 millones de trabajadores en Alemania, China, España, los Estados Unidos, Francia, India, Japón y el Reino Unido.

Si extrapolamos las cifras del estudio a la realidad de nuestro país, concluiremos que cerca de 5 millones de colombianos enfrentarán la necesidad de hacer una transición en su actividad productiva para continuar apareciendo en las estadísticas de la población ocupada, lo cual impone una responsabilidad inédita y de dos caras.

Mientras que las empleados y trabajadores por cuenta propia tienen la obligación inminente e indelegable de expandir el alcance de sus carreras identificando y adquiriendo las competencias que el entorno productivo exigirá en el futuro, corresponde a las organizaciones modernizar sus políticas de capacitación y desarrollo, dejando de lado el entrenamiento tradicional (que busca mejorar la productividad en el cargo actual) para dar paso al apoyo decidido a las personas en el desarrollo de las habilidades que evitarán su obsolescencia. En los tiempos que corren, las organizaciones ya no están en capacidad de ofrecer carreras de por vida y por lo tanto las iniciativas de revitalización de la fuerza de trabajo adquieren más relevancia que nunca.

Advierte MGI en su estudio que el crecimiento de la demanda laboral estará circunscrito a las actividades mejor remuneradas, mientras que los empleos con menores salarios decrecerán. Este pronóstico aciago debe llevarnos a reflexionar sobre la profundización de la desigualdad en nuestras sociedades, a cuestionar la vigencia de los modelos que privilegian el aumento de la riqueza individual por encima de la prosperidad general, y a evaluar la validez de dar prioridad al PIB como indicador del tamaño y la salud de las economías, dejando en segundo plano otras variables más ácidas como el coeficiente de Gini.

Para proteger el futuro del trabajo resulta imperativo afianzar sistemas democráticos donde los recursos del Estado sean administrados de manera impecable y se proteja la propiedad privada en un marco económico de libre mercado que reconozca la importancia de asegurar una distribución más equitativa de los ingresos. Los países nórdicos marcaron la pauta y han demostrado, con resultados, que vale la pena reproducir su patrón sin necesidad de reinventar la rueda.