Analistas 29/08/2020

Medio siglo de finanzas mundiales

El ordenamiento de las finanzas internacionales convenido en Bretton Woods en 1944 perdió importancia a principios de los años 70: se flexibilizaron las tasas de cambio y se liberó el flujo de capitales. Los aumentos en los precios del crudo, consecuencia de embargos y conductas de cartel, generaron acumulación de recursos de países petroleros en los bancos comerciales, que los canalizaron como créditos al tercer mundo, sin que ello aumentara de forma significativa los ingresos de los países destinatarios. En los 80 la deuda de Latinoamérica se hizo insostenible, con estancamiento económico y escasez de divisas; tras múltiples negociaciones los problemas se superaron, pero hubo nueva crisis en los noventa en México, Argentina, Ecuador y el sudeste asiático. La formación de la Organización Mundial de Comercio a partir de 1995 no ha tenido importancia porque los países desarrollados, incluida la Unión Europea, y China han optado por acuerdos preferenciales bilaterales, a los que se llama acuerdos de libre comercio, para definir relaciones comerciales y reglas de propiedad intelectual e industrial entre países.

En 2008-9 hubo recesión mundial, a raíz del incumplimiento en los pagos de patrimonios autónomos de deuda hipotecaria: los bancos de EE.UU. hicieron patrimonios autónomos con pagarés de nivel medio de riesgo; las agencias calificadoras los valoraron como de muy buena calidad; el valor comercial de la finca raíz de los inmuebles en EE.UU. cayó, y los bancos del mundo entero, que habían comprado esos instrumentos, tuvieron problemas estructurales. Para evitar una depresión mundial hubo emisiones enormes de dinero por los bancos centrales de las principales economías para prestarlo a los gobiernos contra títulos de deuda. Se usó el recurso para evitar colapso de los principales bancos y la mayor aseguradora de EE.UU., y para mitigar la caída en los ingresos de los países por la reducción de la demanda agregada. La expansión monetaria se ha reflejado en bajas tasas de interés en el mundo desde entonces, por cuenta de políticas expansivas con cargo a generaciones futuras.

En este medio siglo el número de bancos se ha reducido de manera notable en todo el mundo, se ha desmontado la separación entre banca de inversión, que moviliza recursos para respaldar emisión de instrumentos de terceros en los mercados internacionales de capitales, y banca comercial, que presta sobre su propio balance, y la participación del sector financiero en el producto interno bruto de los países ha aumentado en forma sostenida. También se ha incrementado la concentración del ingreso en las últimas tres décadas como consecuencia, al menos en parte, de la automatización, la producción en países pobres de partes y piezas para el primer mundo, y la libertad de flujos para el capital, en contraste con las restricciones naturales para la movilidad del trabajo. La ventaja del capital se apoya en la debilidad de las instituciones públicas en el mundo entero: el número de países independientes ha subido de 50 que participaron en la conferencia de San Francisco de 1945 a casi 200. La ética en los negocios se ha desdibujado. La democracia y el capitalismo están amenazados por la codicia. La humanidad debe defender el proceso de acumular el capital necesario para financiar vidas cada día más prolongadas en promedio, y mucho más largas que su fase productiva.