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Analistas 04/09/2021

La transición energética

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

Es preciso reducir la acumulación de dióxido de carbono y metano en la atmósfera para evitar consecuencias trágicas por el uso desmedido de combustibles fósiles desde que comenzó la revolución industrial a finales del Siglo XVIII. Al principio se usó carbón para generar vapor que, a su turno, impulsaba máquinas.

Así comenzaron la producción industrial y el transporte ferroviario. Después llegaron la generación de electricidad y el transporte automotor, y comenzó la economía del petróleo, que se impuso desde finales del Siglo XIX en el planeta.

La búsqueda de bienestar material llevó a nuevos inventos, el acceso a los beneficios se expandió a todas las clases sociales y a todos los países, la población se multiplicó y con ella la combustión con el uso por persona y el número de personas.

El precio de los combustibles para los usuarios, sean personas naturales consumidoras o empresas productivas o de servicios, no ha reflejado el costo para la humanidad de los daños ambientales: los combustibles fósiles y el ganado vacuno emiten dióxido de carbono y metano respectivamente, gases que retienen calor en la atmósfera. En condiciones estables la cantidad de calor que sale sería similar a la que entra por la radiación solar.

El uso de los fósiles ha calentado el planeta. Urge lograr que la emisión equivalga a la captura de dióxido de carbono en los próximos 20 años. El consumo de derivados del petróleo suma alrededor de 80% de la energía usada para calentar, generar electricidad y transportarse. El grueso del consumo ocurre en los países desarrollados, en China y en Rusia.

Hay consenso para reducir la emisión mediante la sustitución de automotores tradicionales por vehículos eléctricos; sin embargo, los fósiles todavía son la fuente para alrededor de 60% de la generación.

El mercado tiene las distorsiones propias de un oligopolio en el que los productores maximizan ingreso: el precio hoy es seis veces el costo marginal de largo plazo.

Jaime Maldonado Fischer, experto en asuntos energéticos, explica que el costo marginal del petróleo en la península arábiga puede ser del orden de US$10 por barril, y las reservas podrían atender las necesidades hasta la transición plena según los programas en curso. Algunas fuentes sostenibles, como turbinas de viento y celdas fotovoltaicas, solo son eficaces cuando las circunstancias lo permiten.

Suprimir el carbón para electricidad, más de 25% del total de generación, es gran tarea para la transición en el mundo. En contraste, en Colombia 70% de la electricidad se produce con energía hidráulica. El tránsito a electricidad en transporte terrestre traerá reducción importante.

Preocupa el impacto fiscal si la economía nacional no crece para sustituir el ingreso por el petróleo: es probable que los precios bajen en la medida que la cantidad consumida se reduzca, y el crudo nacional no es barato.

De otra parte, es interesante la posibilidad para el país de capturar dióxido de carbono mediante la reforestación y generar ingresos como compensación de países contaminantes. Maldonado y su equipo serían valiosos para el gobierno en esta tarea.

Hacer la transición a un mundo sostenible requiere instituciones públicas efectivas; las soluciones pueden exigir restricciones impopulares y el riesgo de conflicto ante la conveniencia política de corto plazo es quizá el mayor obstáculo. La dilación puede ser fatal.