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El mercado de capitales

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El mercado de capitales permite evitar el intermediario financiero en la tarea de movilizar recursos para propósitos empresariales. Antes de que existieran estos mercados los banqueros conocían el propósito de las solicitudes de quienes necesitaban crédito para sus aventuras empresariales y las disponibilidades de quienes tenían excedentes, y hacían las asignaciones que su evaluación de riesgo recomendaba. Además compraban y vendían en forma privada instrumentos de crédito emitidos por terceros. El surgimiento del mercado de capitales en Amberes (1460) y Londres (1570) facilitó el acceso a recursos de manera ordenada, e inició el proceso de creación de una cultura de divulgación adecuada sobre los propósitos que respaldan la venta del instrumento, sea acción o bono, y sobre su ejecución. Hoy la bolsa más importante del mundo es la de Nueva York, establecida en 1797. También son muy importantes la de Tokio y la de Londres, aunque perderá relieve con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. En años recientes las emisiones de renta fija en los mercados internacionales han tenido bajas tasas de interés como consecuencia de las medidas expansivas con las que se neutralizó la contracción de la economía global en EE.UU. entre 2008 y 2009. Esta situación ha facilitado la valorización de los instrumentos de renta variable. Así, aunque el número de empresas registradas en la bolsa de Nueva York se ha reducido en años recientes, el valor de los patrimonios de los grandes accionistas ha aumentado en forma significativa.

Los mercados de capitales facilitan la colocación de títulos valores a emisores dispuestos a revelar al mercado en forma transparente, sus planes de negocios, el desenvolvimiento de su ejecución a lo largo del tiempo y, en general, los hechos relevantes de la firma. Su cimiento es la confianza de los compradores en los agentes del mercado, quienes deben estar en disposición de comprar una emisión si el público no la acoge: el respaldo de su propuesta para el mercado son sus propios recursos. Esta es la prueba de la eficacia de su análisis, y es a ese concepto que alude la expresión “Banca de Inversión”, abusada en nuestro medio por entidades que asesoran transacciones en ámbitos privados y sin garantía de colocación.

En Colombia el mercado no cumple la misión de financiar la acumulación de capital para impulsar el desarrollo económico porque la propiedad está muy concentrada, como consecuencia de la mala distribución del ingreso, y porque los fondos de pensiones tienen un papel menos inferior al que tendrían si la economía creciera mucho más rápido y la participación del trabajo informal no fuera tan elevada. El crecimiento que dinamizaría de verdad el mercado sería posible si el país tuviera buenas instituciones públicas, estrategias de desarrollo con políticas cambiarias, fiscales y monetarias consistentes, y educación pertinente e infraestructura para aprovechar las ventajas comparativas de las regiones.

Además la atención del Estado al mercado de capitales debería incluir la promoción de su crecimiento, pero en Colombia la tarea es de prioridad limitada en la Superintendencia Financiera, pese a que los fondos de inversión mueven más recursos que el mercado bancario. Interbolsa colapsó por conductas indebidas de administradores y no ha habido la debida reflexión; la Misión anunciada tiene la palabra.

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