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Economía naranja

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Iván Duque propone que actores, artistas, productores, músicos, diseñadores, publicistas, joyeros, dramaturgos, fotógrafos y animadores digitales nacionales tengan trato preferencial del Estado para impulsar sus talentos en los mercados. La intención es buena, pero su lógica debería aplicarse a todas las profesiones: otras pueden tener igual o mayor potencial para inducir crecimiento económico y social.

No hay evidencia de que la contribución de lo naranja sea superior a la de las ciencias naturales, las ciencias sociales, las ingenierías o las ciencias de la salud. Más bien se puede decir que las sociedades deben cultivar las ramas del saber más apropiadas para respaldar las actividades en las cuales tienen ventajas comparativas.

Lo deseable es tener una economía más grande y diversa, con mayor estabilidad y menos desigualdad. Es preciso recordar en este punto que los países vecinos nos complementarían, y nosotros a ellos: la integración nos daría base más amplia como cimiento, y la posibilidad de construir conocimiento en más frentes. Es obvio que la situación de Venezuela hoy dificultaría el camino, pero esa situación es transitoria; todo mejorará rápido allá una vez termine el período chavista y se restablezca el derecho al disenso.

El proceso de diversificación se debe fundamentar en la convicción de que corresponde a las regiones la tarea de identificar sus respectivas ventajas comparativas; incluso es posible que algunas de nuestras regiones tengan ventajas en el ámbito de Latinoamérica para las actividades de economía naranja enunciadas, pero esa situación no se ha comprobado de forma persuasiva.

En contraposición, con motivo de los Acuerdos firmados con las Farc hemos entrado a los circuitos del turismo mundial de manera abrupta y desordenada. La actividad turística está en crecimiento a tasas elevadas desde hace ya algunos años, como consecuencia del abaratamiento del transporte y de la integración del mundo con herramientas de comunicación.

Como el mundo cambia, más allá de dar la necesaria importancia a ordenar el turismo para hacerlo más eficiente y evitar riesgos ambientales, debe haber orientación a la aplicación de ciencia y tecnología, en general, a actividades económicas donde haya ventajas naturales.

Con el avance, muchas que ayer produjeron resultados positivos se deberán abandonar o transformar, porque los procesos de creación destructiva de los que habló el profesor austríaco J.A. Schumpeter hace casi un siglo son indispensables para el propósito épico de dar forma a una sociedad más productiva, menos desigual y con incentivos apropiados para saltos ulteriores.

El siglo XXI se abre a la humanidad con los beneficios de innovaciones en capítulos como inteligencia artificial, internet de las cosas, herramientas para concertar patrones de vida, avances en medicina, etc. Esas herramientas deben tener el propósito de construir un modelo social diferente, con equilibrio entre la competencia, necesaria para la asignación eficiente de recursos, y la cooperación, requisito indispensable para formar sistemas dinámicos sostenibles, con capacidad para obtener beneficio general a partir de las tensiones entre capital y trabajo.

Colombia debe pensar lo público de nuevo y movilizar de manera efectiva todos los recursos de nuestra sociedad para aprovechar las posibilidades. Iván Duque tiene la palabra…

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