Analistas

Una renuncia

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La renuncia de Mario Gómez Estrada al Comité Nacional de Cafeteros no puede pasar desapercibida,como en efecto él lo ha buscado dando su última batalla cafetera. Después de 30 años como miembro del comité su decisión tiene muchos significados, al constituirse en la primera cabeza que rueda en esta crisis,que provoco el histórico paro de 11 días,que un sector de productores promovió en contra del Gobierno y de la Federación.

 
En primer lugar,Gómez era el último vestigio de la democracia representativa que hacía parte de las directivas nacionales cafeteras. La Federación elegía en su comité nacional a los hombres más representativos de los departamentos, inclusive sin ser cultivadores de café. Gómez ingreso como suplente de Otto Morales, estando muy joven, sin trayectoria cafetera, cuando Don Arturo Gómez Jaramillo,en su último congreso de 1982, propuso al hijo de su primo hermano, el exministro César Gómez Estrada para este cargo. Ese gesto le permitió permanecer todo este tiempo sin someterse nunca a una elección.
 
Solo en el 2002,por iniciativa de Gabriel Silva, se propuso reformar los estatutos para introducir los nuevos principios constitucionales de la democracia participativa, y abrió el camino para que cafeteros directamente elegidos por los productores aspiraran a formar parte del comité directivo nacional,como hoy en efecto esta conformado la mayoría de este órgano de dirección. Así mismo se incluyo a los 15 departamentos productores en el Comité Nacional,dado que increíblemente no todos tenían acceso permanente. Esta reforma  pasó con dificultad por la comisión conformada por Mario Gómez y Juan Camilo Restrepo,entre otros, quienes defendiendo el viejo esquema no permitían que fuera sometida al pueblo cafetero hasta tanto no pasara por su aprobación,con temor a la apertura democrática.
 
En el mismo año se introdujo el número de familias como otro determinante de la distribución de los recursos del Fondo Nacional del Café, no solo en función de la producción,que desconocía la nueva realidad. El gerente aceptó que la fijación de la contribución cafetera fuera facultad del Congreso de la República y no del Comité Nacional. A estas transformaciones  se opuso Gómez Estrada. Siempre defendía los intereses de los grandes productores con ardentía, mientras el país cafetero en 15 años cambiaba de empresarios a campesinos y se movía del eje tradicional a las nuevas zonas. A pesar de que no modificaba su discurso, las decisiones personales eran racionales, por cuanto, en la mayoría de sus fincas ya había erradicado el café.
 
Gómez Estrada era el más duro negociador para los gobiernos, más por la fuerza en el trato que en la de los argumentos. Perdía credibilidad en la medida que los delegados del gobierno cada día son más técnicos y menos susceptibles a la presión política, mientras él se mantenía en el viejo discurso de lo que significaba el café en la economía, así como la cuenta de cobro histórica de la caficultura al país. De los actuales directivos era el único al que le correspondía responder a los críticos que no tienen más argumento que reclamar por los activos del Fondo de hace 30 años.
 
Su temperamento y el origen de su designación lo hacían impermeable al diálogo con los líderes de pensamiento alternativo; siempre se sentía con el poder de representar la institucionalidad, por fuera de la cual no había posibilidad, olvidando que en la democracia a los líderes los eligen las mayorías pero deben gobernar y escuchar a todos los agremiados.
 
Gómez terminó en su ley su paso por el gremio. De pelea con el gobierno, reclamando los recursos como sí fueran del Fondo Nacional del Café, pretendiendo modificar la política económica en función del grano, desconociendo el cambio en la economía nacional,y reclamando que el gobierno subsidiara hasta las utilidades de los grandes cafeteros que lo sostenían  en el cargo. No se percató que su comportamiento y su ambición eran factor de unión en su contra, como ocurrió cuando pretendió aspirar a la gerencia de la Federación en el 2009 y ahora cuando con su renuncia buscaba conseguir la del actual gerente Luis Genaro Muñoz, provocando que los demás delegados cerraran filas para defenderlo de todo lo que Gomez representaba.
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