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La razón de existir

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En los últimos días se ha venido argumentando por parte de la Federación de Cafeteros sobre la participación de la actividad cafetera como único tejido social del campo colombiano, con comparaciones inclusive poco amables frente a otros generadores de empleo en el sector rural, como los son los productores de arroz, maíz, papa, palma, caucho; y como exportador con relación al banano, las flores y el azúcar, para concluir que el costo de oportunidad de la caficultura es menor que lo que valdrían estas familias, si las asumiera Familias en Acción, Red Unidos, Proyectos Productivos, Alianzas Productivas o Reparación de Víctimas.

Esta argumentación parece plantear que el café solo tiene razón social de existir, pero no razón económica. Si el país acepta este planteamiento, sería el fin del café y la manera de dar, desde el propio gremio, una digna sepultura a la caficultura empresarial, por cuanto si la razón de existir es únicamente social, es apenas obvio suponer que el país no va a subsidiar a los grandes empresarios capitalistas de la caficultura.

Nadie desconoce lo que ha significado el café para la historia, la economía, y el desarrollo social. Pero, en pleno siglo XXI, no se puede ser arrogante con muchos de los sectores que constituyen gran parte de la modernización del sector agrícola colombiano al incorporar tecnología, investigación, mecanización, alta productividad por hectárea, valor agregado por trabajador y generación de empleo formal.

El café genera trabajo para unas 800.000 personas, pero no un empleo formal. Este significa contrato laboral con el cumplimiento de todas las obligaciones que ello implica, que no se da en el café en razón de la estructura de propiedad de la tierra, de la tradición informal y de las cosechas estacionales. Precisamente, la virtud consiste en que 80 % de los que trabajan en este cultivo son propietarios. El principal aporte a la democracia y a la estabilidad social, por representar las 553.000 familias. La mejor estructura de distribución de la tierra y de la propiedad en el campo colombiano.

Representa el café un modelo de economía campesina sin par, con pequeños productores ligados al mercado internacional y finalmente vinculados a la economía de mercado, así la gente no lo crea, lo que implica la adaptación a las fluctuaciones de precio y a los requerimientos de calidad que estos pequeños productores han realizado con mucho éxito. Por esta razón, mientras existan zonas optimas, población rural, disponibilidad de tierra y bajo nivel de capacitación, el cultivo continuará siendo la mejor opción para alcanzar bienestar y una forma de vida mientras se educa a la siguiente generación.

Para estos pequeños productores el café si tiene razón económica de existir y, sin renunciar a los bienes públicos que el Estado ofrece a todos los estratos bajos del campo, están vinculados es a un negocio. Por ello no es aceptable que su existencia solo tenga razón social. Si así fuere, el mismo Estado con 553.000 familias a cuestas tendría que tratarlos de ubicar en una actividad que sea productiva para la economía, no necesariamente el café, y de esta manera sacarlos de la condición de pobreza.

El gremio cafetero debe ser el único mecanismo para transferir los recursos a los cafeteros, así provengan del Estado. De esta manera se genera sentido de pertenencia y credibilidad de gestión de la federación ; renunciar a la entrega del PIC (Programa de Protección del Ingreso Cafetero) sería aceptar que definitivamente los productores son una simple carga social más para el País, entregárselos al estado, por no tener razón económica de existir, y tampoco razones para defenderlos como federados.

Llegó la hora de volver a pensar en un “fondo de estabilización” como el que inspiró la creación del Fondo Nacional del Café para guardar en tiempos de precios altos y compensar en las épocas de precios bajos. Si esto se hubiera hecho en la bonanza de 2010-11, hoy tendríamos excedentes para mantener un precio estable. Los mayores beneficiados habrían sido precisamente los grandes productores que se opusieron radicalmente, a pesar del apoyo permanente que la iniciativa tuvo de parte del presidente Juan Manuel Santos.

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