Ilusiones cafeteras

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Definitivamente los voceros cafeteros se han dado a la tarea de ilusionarnos con expectativas que no se pueden cumplir -por irreales-, que obedecen a un comportamiento poco serio y peligroso; el riesgo es que el pueblo cafetero se canse y desengañado, se devuelva con odio contra el establecimiento y sus dirigentes.

En el 2017 convocaron el Foro Mundial Cafetero para reclamar a la industria un precio justo, desde luego a juicio de lo que diga la cúpula cafetera. Descargaron todo su odio contra la industria tostadora, reclamando que no sirve el precio del mercado. Durante dos años se pasearon por el mundo vendiendo esa idea y exigiendo que el precio no sea el que resulte de la oferta y la demanda, sino uno que garantice rentabilidad al productor, pidiendo que los torrefactores se conviertan en donantes.

En el segundo foro realizado en Brasil, el Gerente de la Federación exigió un precio mínimo de US$2 y manifestó que pagar menos no era ético, ni moral. Vaya juicio condenando al mercado, cuando es el sistema económico escogido, en el que el precio que resulta, de la oferta y la demanda, es precisamente el más justo posible, pagado por los bienes y servicios.

Solo sobreviven los productores más eficientes y la baja productividad y la incompetencia no la asumen los consumidores con altos precios, que esquilman sus bolsillos. Brasil ha demostrado que -en un mercado libre, que aprovecha la tecnología y aumenta la productividad- ofrece al mundo el café a los precios de hoy, ganando mucho dinero.

En ello coincide Jeffrey Sachs, a quien esperaron dos años para que dijera que la solución es aumentar la productividad, con lo que aumentaría la oferta y bajaría más el precio; como complemento, propone un multimillonario fondo de limosna para ayudar a los ineficientes.

Mientras los voceros siembran ilusiones por el mundo, Colombia sigue aumentando la producción, lo que desvirtúa con hechos todo ese discurso en el que se embarcaron, para defender el interés de unos pocos productores que no sobreviven frente a la realidad del mercado -y que no tenemos que cargar a cuestas-, transmitiendo al mundo la imagen de una caficultura que no es sostenible, cuando los campesinos cada día, demuestran que van en contravía de lo que pregonan sus dirigentes.

Los cultivadores que han creído el discurso de los dos dólares en Brasil, unido con el Fondo de Estabilización, anunciado en reunión del comité directivo con el Presidente Duque, ya afirman con convicción que van a pagar el café a ese precio. Las falsas ilusiones generan esta confusión.

De la reunión de Brasil no salió nada importante, salvo la mágica fórmula de pedir al mundo que consuma más y que, gracias al paseo de 150 delegados de Colombia, invitados por la Federación, pudieron constatar la imposibilidad de competir con tecnología, topografía y capital del mayor productor de café del mundo.

Aspiramos a que se convenzan que con la mano de obra cada día más escasa, en Colombia solo pueden sobrevivir los pequeños productores, diferenciando su café, para vender a un precio por encima de la bolsa. Ese fue el reto que les impuso el Presidente de la República para los próximos 10 años.

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