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Café, ¡llegó la hora!

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Guillermo Trujillo Estrada

Llegó la hora de profundas reformas en la organización cafetera, que la adapten a la nueva realidad de los mercados mundial y nacional.

Llegó la hora de revisar la coexistencia de la Federación Nacional de Cafeteros, los comités departamentales, las cooperativas de caficultores y Almacafé. En el segundo congreso cafetero se recomendó crear almacenes de café para guardar los sobrantes y esperar un mejor precio. En 1965 se convirtieron en un almacén de depósito, con el fin de emitir bonos de prenda y ayudar a la financiación. En algún momento llegó a tener capacidad para almacenar 16 millones de sacos, además de actuar como el gran agente de compra. El Pacto Internacional del Café se rompió en 1989, por lo tanto, la retención cafetera desde entonces no es un instrumento utilizado.

Siendo así, toda esa infraestructura con presencia en 15 departamentos, con valiosas bodegas, múltiples gerentes y personal, no se requieren para almacenar y exportar a duras penas el 20% del café del país y con trilladoras que se pueden vender. Tengamos en cuenta que los que exportan el 80% lo hace de manera eficiente, sin disponer de toda esa parafernalia, que se sostiene por lo que le cobra al Fondo Nacional del Café de servicios prestados.

Las cooperativas de caficultores, recomendadas en 1942 en el XII congreso cafetero, llegaron a 59. Hoy, después de fusiones, liquidaciones y crisis, se cuenta con cerca de 33 cooperativas. Iniciaron comprando café para el Fondo, pero ya muchas de ellas no utilizan esos recursos financieros, acceden al sistema bancario, exportan directamente y, también, venden el café a exportadores privados.

Una enorme rivalidad ha existido entre líderes de las cooperativas y de los comités departamentales que ha llevado a una inadmisible duplicación de funciones, con recursos de los cafeteros, pero poco los benefician; más bien los agobian con programas de lado y lado, quedando sin saber qué hacer.

Adicionalmente existe Expocafé, creada en 1985 como exportadora de algunas cooperativas, hoy en asocio con la Federación, principalmente para atender el mercado de EE.UU., por disposición de la ley de comercio; también existe Ferticafé para manejo de fertilizantes, pero al mismo tiempo las grandes cooperativas tienen su propio programa de compra y venta de abonos.

Esta cantidad de empresas y funciones no tienen razón de existir en esta nueva época. Son demasiadas inversiones, numerosos gastos, excesiva burocracia, enorme duplicidad, cuando para sobrevivir se requiere bajo costo y competir con innumerables exportadores privados, mucho más eficientes.

Propongo una sola organización, muy fuerte en cada departamento, que aglutine todas estas actividades; que sume los patrimonios creando fortaleza económica, que optimice los gastos de administración, que administre el Fondo Nacional del Café, constituyéndose únicamente en comprador de última instancia -que en caso de tener que adquirir café lo exporte ese nuevo organismo-, pero también lo puede subastar para que el mejor postor lo haga.

Son innumerables las posibilidades de ese nuevo instrumento, lo único claro es que no podemos afrontar la cuarta revolución industrial con los instrumentos y los costos del siglo pasado.

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