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Analistas 08/10/2012

Café

Guillermo Trujillo Estrada
Analista cafetero
Guillermo Trujillo
La República Más
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El mayor problema de la caficultura en los últimos años ha sido la revaluación que ha hecho nugatorio el buen nivel del pecio internacional. La sociedad colombiana debe aceptar, que si la tercera parte de la población del campo vive del café y se constituye en fuente de estabilidad social para garantizar la paz que el país anhela, tiene que estar preparada para subsidiar este sector así  como aquellos en los que la mano de obra representa más del 50% de los costos, sin posibilidades de mecanización.

Luchar contra el mercado que determina la tasa de cambio se convierte casi en pretender derogar la ley de la gravedad. Colombia tiene demasiadas fuerzas positivas que  favorecen el fortalecimiento de la moneda, y cada día hay más  ciudadanos que se benefician con la revaluación al aumentar su ingreso disponible y su capacidad de compra. En la última década, el salario mínimo paso de US$150 mes a US$500, convirtiéndose en un aumento enorme en los costos del productor que contrata la mano de obra, pero también en un aumento del ingreso real del trabajador .

El pequeño productor que vende su mano de obra expresada en granos de café, siente el deterioro de su ingreso por el efecto de la revaluación, y el mediano y gran productor que contrata mano de obra, observa como su costo de mano de obra hace inviable su negocio.

Por lo tanto se hace imperativo establecer una política de ayudas directas a los sectores que lo ameriten, que debe ser liderada por el ministro de agricultura, como responsable del sector. El fuerte discurso de Juan Camilo Restrepo, regañando públicamente al Banco de la República, sirve para la galería e  ilusiona a los campesinos pero no produce ningún efecto, y menos si proviene de una persona que presidió la junta directiva del Banco de la República y conoce muy bien que allí las decisiones se adoptan  pensando en toda la economía y no en un sector.

Atrás quedaron los dichosos  días para los cafeteros, en que el café representaba el 80% de las exportaciones y la tasa de cambio se movía en función de lo que sucediera con el cultivo. Hoy los cafeteros tienen conciencia sobre la influencia de los demás sectores en la balanza de pagos y en el producto interno bruto, y no pretenden que la política económica gire en torno al café, pero con todo derecho reclaman que la política social tenga en cuenta sus necesidades, que se suplen con mecanismos que permitan poner un piso al ingreso, con costos infinitamente inferiores  a los estímulos que todo Colombia acepto para impulsar los sectores que hoy generan  buena parte de la revaluación: el verdugo de los cafeteros. También es cierto que los las familias y las empresas que se benefician con  la revaluación no van a admitir aumentos artificiales de la tasa de cambio, que se convierten en temporales y producen más daños que beneficios generales.

Con seguridad toda Colombia respalda fácilmente el apoyo  a un cultivo que cuenta con 550.000 pequeños productores, que mas de 3.000.000 de habitantes del campo viven del ingreso que genera, que se produce en más de 600 municipios, que es el instrumento más eficaz para combatir la pobreza en el campo, que toda la producción está vendida al mercado mundial y que hoy padece el éxito de la economía colombiana, cuando el país entero tiene presente como en el último siglo, el ingreso del café, irrigo bienestar por toda la República sin ningún egoísmo por parte del gremio productor.

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