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25 millones de sacos

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En la pasada asamblea de Asoexport fue lanzada la idea de que Colombia debe tener como meta producir 25 millones de sacos lo que es música celestial para el auditorio que legítimamente tiene como objeto comercializar cada día más café. Sin embargo, hay que decir que ese es un imposible estructural para Colombia. En primer lugar porque la mano de obra es el principal limitante para crecer, quién lo creyera. Pero una actividad que en el siglo XX fue la solución para el país rural, hoy ya se constituye en un cuello de botella para crecer.

Los grandes productores encuentran enormes dificultades para conseguir recolectores por cuanto ya no existen muchos jornaleros disponibles para trabajar únicamente diez semanas en el año. Todos buscan, como es natural, un trabajo estable y con contrato. Además, las regiones en las que predomina esta forma de producción: El sur de Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y el norte del Valle, es precisamente en donde más urbanizado está el País y nuevas generaciones, con mayor educación, encuentran mejores opciones. La informalidad laboral y tributaria cada día hace más inviable esta forma de producción.

Los pequeños productores son la solución, como se demostró en los últimos diez años cuando Huila, Tolima, Cauca y Nariño pasaron a generar la mitad de la producción nacional, gracias a que crecieron 50% el área sembrada y tecnificaron los cafetales. Ese modelo de pequeño productor, propietario de la tierra, la trabaja él mismo, allí construye su vivienda y se convierte en un microempresario agrícola, con mayor acceso a la tecnología, que es lo que hace viable la actividad porque le genera bienestar en un país de propietarios, fortalece la democracia y asegura por lo menos la sostenibilidad de una generación.

Este éxito lo generó gente joven y en tierras cultivadas por primera vez. Mientras tanto, ese es el “Talón de Aquiles” de la zona central tradicional, en donde la población se envejeció, los hijos se educaron gracias al café y migraron a las ciudades buscando mejores horizontes.

Pueden ayudar Meta, Casanare y Caquetá que ya cuentan con un área cultivada en café equivalente a medio departamento del Quindío, y se constituyen en el modelo a profundizar en el piedemonte llanero para el posconflicto. Tierra, trabajo y una institución que los apoye es lo que se requiere para convertir a miles de familias en productoras de café en la cordillera oriental.

Sin embargo, lograr la cifra propuesta de 800.000 hectáreas nuevas y 700.000 personas que trabajen en la cadena es casi un imposible ya que significaría que otros tres millones de personas se dediquen al café, compitiendo con las demás actividades agrícolas por esa mano de obra. El campo hoy registra bajos índices de desempleo. Por lo tanto una actividad basada en la mano de obra no puede fijar una meta tan ambiciosa, precisamente cuando el País progresa, y cada día más colombianos salen de la pobreza. La historia demuestra que el café es para combatir la pobreza y no para generar riqueza.

Otra alternativa es la productividad. Colombia ha mejorado mucho gracias a la renovación de cafetales: Árboles jóvenes que producen más café, fue nuestro propósito al diseñar el programa para renovación de cafetales envejecidos, dirigido a los pequeños productores.

Se puede decir que no estamos muy lejos de Brasil, si sinceramos las cifras. Se comenta que depurando el Sistema de Información Cafetero – SIC@, deben desaparecer unos 100.000 productores y el mismo número de hectáreas. La FNC se debe dar la pela y aceptar esa realidad. Los comités departamentales han tenido el incentivo perverso de la distribución de los recursos del Fondo Nacional del Café, para evadir reportar la verdad de las cifras.

No tiene otra explicación producir tan solo 15,2 sacos por hectárea, cuando se reporta 80% del área tecnificada, con edad promedio de siete años, que fácilmente estrían en capacidad de producir 20 sacos por hectárea, cercano al promedio de producción en Brasil. Si llegamos a la meta de 14 millones de sacos seria extraordinario, pero ni hablar de 25.
 

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