Analistas

“Tira la piedra y esconde la mano”

GUARDAR

Mientras en Italia detienen al suizo Stephan Schmidheiny por causar la muerte a más de 3.000 personas expuestas al asbesto, y en la mayoría de los países industrializados prohiben el uso en todas sus formas y aplicaciones de esta fibra mortal, en Colombia no solo se decide absurdamente mantener su llamado “uso seguro” (que lo único seguro que tiene es la muerte que causa) sino que hay quienes obstinadamente deciden defenderlo, aun a costa de la salud de miles de colombianos que mueren producto del mesotelioma causado por la exposición al amianto. 

Estupefacto quedé cuando el día viernes me encontré al señor Jorge Hernán Estrada Gutiérrez, presidente de Ascolfibras, dando una entrevista en la cual defiende lo indefendible, como el uso seguro de la mortal fibra que es el asbesto. Mi desconcierto no fue solo por ver cómo alguien de forma testaruda y hasta descarnada posa de escudero leal a los intereses de una agremiación que parece que estuviera haciendo todo lo posible para que la salud y la vida de los colombianos se ponga en riesgo, sino por constatar que el señor Estrada es realmente médico de profesión.

En el momento en que daba lectura a cada una de sus justificaciones, me cuestionaba cómo un profesional de la medicina que ha jurado proteger y luchar por la vida de quienes sean o no sus pacientes (juramento hipocrático) era capaz de dar fe de que el asbesto usado por las compañías que agremia no tiene el efecto que científicamente se ha probado que produce (cáncer). Y me generaba un interrogante: ¿defender el uso seguro del asbesto no es un real dilema y un hecho poco profesional que merece ser revisado por el comité de ética médico? Considero que sí, porque puntualmente se viola parte de este juramento que decidí extraer para mayor ilustración: “estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante”.

¿Usar el asbesto como materia prima para productos de consumo masivo no es producir un mal?, ¿defender el asbesto y no solidarizarse con las víctimas no es una injusticia?, ¿no es el asbesto un veneno para la población? Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Asociación Internacional de la Seguridad Social (Aiss), y no precisamente en Perú, se ha concluido que existe un nexo causal entre la exposición a este mineral y la generación de mesotelioma o cáncer producto del asbesto. Las afirmaciones son contundentes y permiten que de un solo plumazo las justificaciones del señor Estrada queden sin ningún piso científico. A título de ejemplo, en la Comisión Especial sobre la Prevención de la Aiss, reunida en Pekín en 2004, esta corporación adoptó la siguiente declaración, dirigida a los países que todavía producen o utilizan amianto: “El amianto es un mineral natural. Según el conjunto de datos epidemiológicos mundiales, el polvo de las fibras que se crea durante la extracción, transformación y utilización de todas las formas de amianto -incluido el Crisotilo- es cancerígeno para el hombre”. 

Menospreciar a quienes apoyan esta causa no es más que la defensa basada en el irrespeto, en la falta de argumentos, tratando de desviar el fondo de la discusión. Ese “uso seguro” que defiende Ascolfibras, en cabeza del doctor Estrada, es la prueba latente de que es peligroso, así como las innumerables víctimas que siguen apareciendo con mesotelioma en Colombia son evidencia fundamental para determinar que el tal uso seguro no es otra cosa que una trinchera creada para seguir poniendo en riesgo la vida y la salud de los colombianos. ¿Es esa la forma que los empresarios quieren apoyar la paz? 

Lo triste es que no se ha generado un acto de contrición por parte de estas empresas, que en otros países ya producen con sustitutos del asbesto, con la intención de desmontar, así sea gradualmente, la producción con amiato en nuestro país. Y además se quiere construir una Colombia en paz, pero el Gobierno, como cómplice silencioso, no dice nada ante la muerte de miles de ciudadanos que indefensos caen ante el poderoso lobby de esta agremiación. Si realmente el presidente Juan Manuel Santos tiene intenciones de paz, debería empezar por decir “soy capaz de acabar con la violencia de la indiferencia”.  

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés