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Analistas 11/08/2022

Sociedad del conocimiento

Guillermo Cáez Gómez
Socio en CMM Abogados

Ya está, Gustavo Petro es ahora el nuevo presidente de todos los colombianos y su discurso -por lo menos a mí- me dejó una seria y buena expectativa. El simbolismo con arraigo e identidad y la fiesta que se vivió en la Plaza de Bolívar marcaron la pauta para el inicio de un nuevo gobierno y como muy bien lo dijo: es para una segunda oportunidad.

Esa frase y muchas otras marcarán para mí la pauta para medir los resultados de este gobierno. Hace unas columnas atrás escribí sobre que Iván Duque pasará a la historia como el presidente que desperdició la crisis mundial producto de la pandemia, dejando un legado de debilidad institucionalidad y vanidad que en mis casi cuarenta y tres años no había tenido la oportunidad de vivir.

Pero Colombia es un país en crisis constante y Gustavo Petro tiene en sus manos la posibilidad de saber aprovechar el momento y cambiar el paradigma de buenos y malos, ricos y pobres para generar la unión que tanto necesita el país. Pero además de lo emotivo y lo expectante que pueda ser una nueva visión gobernando, está lo que más me generó ilusión y a lo que le haré seguimiento cercano: la idea de ser una sociedad del conocimiento.

Pero ¿qué encierra esa frase tan contundente, pero a la vez tan abstracta? Desde hace unos ocho o nueve años he sostenido en esta columna que el camino para que el país tenga un verdadero progreso radica en la producción de investigación y desarrollo basado en nuestra verdadera riqueza. También he afirmado que la lógica con la que se debe pensar esta transformación es la de convertir a la universidad pública en verdaderos laboratorios que resuelvan retos del mundo real y no sigamos el camino de producir documentos anacrónicos que su único propósito es mantener certificaciones de Colciencias.

En esa vía la reforma agraria debe encaminarse a generar el espacio de colaboración pública privada para la segunda expedición botánica, de la que resulte ya no solo la clasificación sino que podamos derivar en diferentes usos que potencien a Colombia como un banco de semillas mundial y todo el conocimiento deriva y aplicado, traducido en patentes que se pongan al servicio del ciudadano colombiano con el objetivo de erradicar el hambre y a su vez genere nuevos modelos de negocio con arraigo y oportunidades para una parte de la sociedad que ha estado postrada en el olvido absoluto.

Sociedades con mucho menos potencial que el que tiene Colombia han logrado superar niveles de pobreza con la firme decisión y apuesta. El reto no es de un solo ministerio, la articulación entre el de ciencia, TIC, educación y la flexibilización de reglas de control fiscal para los procesos de investigación deben ser una consigna en el próximo programa de desarrollo. No puede quedar en el vacío otra de las potentes frases que lazó en su discurso el presidente Petro y la que yo traduzco, así: debe ser más lo que nos una, que lo que nos separe.

Cada miembro de este gobierno debe despojarse del rasgo negativo del ego y sumarse a una cruzada por la transformación del país. Los ciudadanos también tenemos la deuda histórica de modular nuestro comportamiento, no podemos aspirar a ser Japón y no comportarnos con la disciplina de un japonés. Eso sí, tengamos presente que no todo se logrará en cuatro años, pero si este gobierno es audaz, no solo se dejarán profundos cambios, sino también heredarán las bases sólidas para una Colombia que tiene la obligación de deslumbrar más allá del simbolismo y mucho más cercana al pragmatismo. Para terminar mi sugerencia al presidente Petro: recorra el camino de los esencialistas, ahí está la respuesta.

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