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¿Quiénes somos?

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Colombia está atravesando por un momento clave de su historia. Si bien a muchos no nos gusta del todo el proceso de paz que se llevó con las Farc, hoy es una realidad con la que debemos aprender a vivir, pero también es la oportunidad más importante que ha tenido el país en términos de identidad de cara al futuro.

Este planteamiento de la identidad como país puede ser etéreo, pero es de vital importancia abordarlo hoy que podemos definir con el voto quién -de los candidatos presidenciales- puede resolver la duda de “¿quiénes somos?”

Colombia se ha caracterizado por carecer de identidad propia y por no conocerse para poder fomentar su real potencial, y esa indefinición es la que ha abierto camino a la inequidad, corrupción y violencia con las que convivimos como si fuera un estado normalizado.

En esa eterna disyuntiva nos hemos pasado gran parte de la historia democrática del país y hasta el día de hoy no la hemos podido resolver.

¿Realmente somos una economía extractiva? O, por el contrario, ¿somos un país con potencial agrícola? Es de nuestra esencia dudar de las capacidades como nación, pues nunca hemos tenido una agenda de país que nos permita identificar nuestra verdadera vocación y a partir de ahí redefinirnos como sociedad para buscar mejores oportunidades de desarrollo y estabilidad social.

Es claro que somos una sociedad de modelos impuestos por tendencias de otros países (sin que sea esto un discurso comunista), pues nuestro impacto en la agenda global se ha limitado a las ideas cortoplacistas de quienes han llevado la agenda nacional, desenfocándonos de nuestro verdadero potencial como país, dándoles la espalda a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

Basta pensar en el ejemplo que ha salido a la luz con respecto al manejo de los recursos para investigación y desarrollo por intermedio de Colciencias y cómo todas las políticas terminan siendo nada más que eslóganes de campaña como trampa en la que caemos cuando captan nuestro voto.

De esta indefinición se aprovecha el discurso populista para cautivar votos y hacer que entremos en polarización de la guerra entre “ricos y pobres”, cuando hoy debiéramos estar más cohesionados para que podamos refundar el modelo de gobierno que queremos para los años que vienen en el país.

De ahí radica la importancia de salirse del discurso de la paz, de si es de izquierda o de derecha, y pensar cuál de los candidatos tiene una visión de país donde quepamos todos y tenga dentro de su programa de gobierno la identificación de nuestros intereses, potencial y debilidades como nación, para partir de ahí con una identidad propia que nos permita generar valores agregados en la vida de los colombianos e incidir así en la agenda global.

Para esto podemos ver casos como los de Corea del Sur, un país que sin recursos naturales y destruido por una guerra encontró en esa coyuntura la oportunidad para definirse y sacar su verdadero potencial al mundo.

Samsung no es una coincidencia o un unicornio, como dirían los puristas del empredimiento,: es producto de una política pública en la que el Estado dejó de ser asistencialista para pasar a un modelo en el que se identificaron las fortalezas que le permiten estar en el primer orden mundial en materia de innovación y tecnología.

En esta columna no encontrará la respuesta al “¿quiénes somos?”: el objetivo, estimado lector, es para que decante las opciones que tiene para elegir de cara a los intereses de una nación, decisión muy alejada del ruido de los del bando del sí o del no, de los del rojo o el azul. Por primera vez, piense que es el momento de, con su voto, cambiar el futuro de todo un país.

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