.
Analistas 06/05/2021

Presidente: “Game Over”

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Muchos no pueden creer que Colombia hoy esté pasando por uno de los más complejos retos de la historia democrática. Con un país en crisis natural, con el agua al cuello por cuenta de una pésima gestión de la covid-19 y con poco margen de maniobra para timonear un barco en la tormenta, los ciudadanos, por cuenta de una impertinente reforma tributaria, dieron continuidad a las protestas que se iniciaron antes de la declaratoria de pandemia mundial.

Este Gobierno del presidente Duque —a quien apoyé en su fase de candidato— fue salvado por la campana a causa de la declaratoria de emergencia sanitaria, que obligó a quienes protestaban en su momento a contener y ver crecer en el encierro su frustración por un gobierno inmóvil y con una desconexión de récord Guinness con la verdadera agenda del país. No es un secreto saber que Colombia y sus dirigentes tienen una deuda histórica con nosotros los ciudadanos; tampoco lo es que algunos problemas no se solucionan en cuatro años, pero lo que no se puede ocultar es que a este gobierno no le ha salido una bien.

El presidente Duque jugó sus cartas más fuertes como tratar de gobernar sin el Congreso intentando impulsar candidatos propios en las regiones. En esa travesía fracasó y quedó cercado por su poco olfato político y con el partido de Gobierno desarmado, que en un buen número aprovechó para pescar en río revuelto. Él quedó con muy poco capital político como para hacer un pulso. Por otro lado, creyó ingenuamente que podría liderar a la región en la caída del régimen venezolano. Está más cerca Maduro de tumbarlo que de funcionar la estrategia del “temido” Grupo de Lima.

Otra de sus grandes apuestas, la economía naranja, no ha dado los frutos que él y su equipo proyectaban y lo que se vendió como un gobierno de la transformación empresarial resultó un poco más de lo mismo, con alto riesgo de burocratizar una fuerza muy potente y democrática como el emprendimiento. Seguro saldrán detractores con suficientes argumentos, puedo afirmar, pues en este sentido ha sido más el afán del legado que de la verdadera transformación. ¡Mucho timorato con afán de protagonismo dirigiendo un país, justo cuando se debe ser audaz!

El poco capital político que le quedaba a este gobierno se le fue con Alberto Carrasquilla. El resto es un kínder atrincherado en su propia versión de gobierno y no conectado con la realidad. Si bien apoyé en el proceso electoral a Iván Duque, hoy debo reconocer mi equivocación, pues los hechos contradicen todas las razones que en una columna de la época expresé como virtudes para votar por él.

Pero no se trata de al caído caerle: eso no está bien. En este momento lo verdaderamente importante no es el ego de quien gobierna, ni el mío si acierto en los pronósticos, sino la estabilidad económica y política de un país con poca solidez financiera y mucha desigualdad social. El juego se ha terminado. El “año de aprendizaje” con el que tituló revista Semana resultó siendo un kínder jugando en mesa de grandes, que por tres años empujó al país al punto en el que estamos hoy: Iván Duque acorralado, sin apoyo político ni social y rumbo a tener que negociar lo poco que le queda para permanecer en el cargo, mientras el país arde en llamas. Señor presidente: el juego terminó. Su deber como mandatario es buscar la concertación o renunciar. Estoy seguro de que Colombia sabrá valorar su gallardía al poner por encima de sus intereses los del país.