Analistas

¿Austeridad inteligente?

En varios medios de comunicación el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, explicaba, como si fuera un gran logro, que este gobierno empezaría un recorte presupuestal ejerciendo la “austeridad inteligente”, como mecanismo para priorizar los gastos. En ese momento me preguntaba, ¿qué de inteligente podría tener la austeridad producto del derroche del pasado? ¿No nos estarían disfrazando la pésima planeación del Gobierno frente a unos precios del petróleo que solo alguien que no tuviera idea del pulso internacional que se vivía, podía creer estables? 

Es claro que el problema no fue solo la caída de los precios internacionales del petróleo. En los casi seis años de gobierno del presidente Juan Manuel Santos se han presentado graves problemas de política pública en materia económica y se ha visto cómo, a manos llenas,  se gastó más de lo que se podía; solo con el único fin de quedar bien con todo el mundo. Todos hemos sido testigos de excepción de cómo cada paro o cese de actividades, cualquiera que haya sido su naturaleza, fue solucionado con la chequera y no con la inteligencia: como nuevo rico, el Gobierno pagó para apagar un incendio y no para darle solución conyuntural a los problemas. Este modo de operar nos ha llevado a vivir todos los años con un paro diferente: el gobierno gastó para callar, y ahora no gasta para evitar que sigan hablando mal de él, aunque perdió la brújula cuando dejó que la chequera fuera la guía de sus decisiones. 

Sin ir más lejos, este ha sido el caso de la “mermelada”, en un país donde lo público tiene muy poco valor para la mayoría, y en el que este solo se escandaliza cuando no hay nada que hacer: cuando la corrupción es tan evidente que se quiebran las instituciones públicas. La llamada “mermelada” no fue otra cosa que la repartición del país para apoyar una candidatura que necesitó no solo de chequera, sino de compromisos mas allá de lo presupuestal. Merece revisión el incentivo que este modo de obrar dio a personajes como Gustavo Petro y su talante mesiánico.

La austeridad planteada por Santos tiene de “inteligente” solo esa palabra. Como dice el dicho, “no hay chorro que no termine en gota” y eso fue lo que le sucedió al gobierno de Juan Manuel Santos: pasamos de que algunos consideraran que viajar en clase económica fuera para los “zarrapastrosos”, a la selfie del ministro Cárdenas mostrando como un gran logro de la economía colombiana que él viaje en ella. Como si esa fuera la solución a una economía que está maquillada y que pronto lloverá, para dejar en evidencia su maltrato por parte de esta administración.

Este Gobierno es prueba de que nuestra lectura de la agenda global se limita al corto plazo. El excesivo gasto público, un posconflicto ad portas, la feria de garaje que se armó con Isagen, y la caída de los precios internacionales del petróleo, harán que la famosa reforma tributaria que se anunció y aplazó, para que el plesbicito por la paz pase el umbral, sea la cuerda de la horca para una sociedad que no da más con la desmedida carga tributaria. Lo anterior hará que el emprendimiento pase a ser solo una historia que alguna vez oímos, porque los impuestos no van a dejar títere con cabeza y la carga impositiva va a ser demasiado alta para lo que realmente vamos a poder sostener. Para aquellos que creen que todo está perdido les recuerdo que tienen en sus manos el arma más contundente: el voto, que, como el condón, si no se usa, podrá acarrearnos enfermedades incurables.