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Aceptemos la realidad y cambiemos de mentalidad

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Portar la camiseta del equipo de los amores es más que una simple tradición, es un acto representativo de orgullo por el conjunto que se sigue y más aún cuando el mismo está en la cumbre de la liga en la que participa. Hoy este símbolo de satisfacción y de reconocimiento a una labor deportiva y administrativa, se ha convertido en la nueva actividad peligrosa en la ciudad de Bogotá.
 
Es lamentable que los titulares de noticias sean acaparados por actos de violencia perpetrados por hinchas que como los toros al ver un color diferente al que en teoría despierta sus pasiones, deciden sin mediar ninguna consideración arrebatar a puñaladas la vida de personas que como yo disfrutamos del fútbol en paz; solo que algunos ahora lo tenemos que hacer desde la casa, toda vez que estos hechos son la ratificación de que el estadio se convirtió en el ‘Coliseo Romano criollo’, donde se mata y se hiere por un trapo.
 
Desde luego sin celebrar estos actos, pero consciente que los mismos son clara muestra que la educación en Colombia no solo está en crisis, sino que estamos llegando a un túnel sin retorno al no facilitar en gran medida que nuestros jóvenes puedan considerar una alternativa diferente a la violencia como estilo de vida. 
 
Hoy nos horrorizamos por que el azul mató al verde o al rojo, cuando esto es un fiel reflejo de lo que ha sido nuestra historia, o como olvidar los hechos de violencia entre Liberales (Rojos) y Conservadores (Azules) o muertes de sindicalistas, o simples ciudadanos que por tener un pensamiento o gustos divergentes son asesinados o discriminados; es imposible en estos momentos pasar por alto frases tristemente célebres como las del Senador Gerlein al calificar a los homosexuales como un “sexo excremental”, frase que no denota más que total ignorancia e incita a la violencia y apología a la segregación sexual, racial, religiosa, política y que ahora ha mutado al fútbol.  
 
Es evidente que estos hechos no hay que tomarlos como situaciones aisladas, o estigmatizar a uno u otro equipo que cuenta dentro de sus hinchas con hampones disfrazados de fanáticos, lo que realmente tiene que suceder es que desde el Gobierno Nacional, como el Distrital tomen seriamente este problema, no solo para invadir de cámaras los estadios u otras medidas restrictivas, más que la represión, lo que debe reinar es la educación.
 
No nos podemos olvidar de iniciativas como “goles en paz”, que invitaba a los jóvenes a la reconciliación, desde luego esta no es la única solución al problema, se debe replantear el sistema educativo, es importante generarle a estos muchachos espacios de verdadero desarrollo de proyectos de vida, la inversión en educación es la más importante, ya que con esta se generaría oportunidades reales para un activo intangible como es nuestra sociedad.  
 
No es solo tratar de incentivar el empleo, se trata de encausar lo que debe ser una verdadera política de estado para que en caso de llegar a la paz, un pos conflicto no nos arrolle y nos tome por sorpresa, la violencia no se erradica fortaleciendo el poder coercitivo del gobierno, se hace desde la base, cambiando la mentalidad de los jóvenes, dándoles verdades opciones para que tomen otro rumbo diferente al alcohol, drogas y el delito. 
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