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Analistas 27/07/2026

MinerIA

Giovanni Franco Sepúlveda
Ph.D. Profesor Universidad Nacional de Colombia

Los tiempos actuales exigen que asumamos retos claros frente a lo que ocurrirá en el mediano plazo. Hoy, por la velocidad de los avances tecnológicos, ese mediano plazo puede reducirse a cinco o diez años. Pensar a mayor distancia equivale a imaginar escenarios que hoy se nos escapan: hace un siglo no concebíamos el teletrabajo masivo, los viajes espaciales rutinarios, ni que llevaríamos potentes computadoras en el bolsillo. Hoy interactuamos con modelos de inteligencia artificial que facilitan decisiones en tiempo real. Surge una pregunta inevitable: ¿qué trabajos aún inexistentes estarán presentes en cinco o diez años?

Esta pregunta conecta de manera directa con los Modelos de Lenguaje de Gran Tamaño (LLM), que se han convertido en una de las tecnologías más disruptivas de la inteligencia artificial. La discusión no debe quedarse en el asombro técnico: la cuestión práctica es cómo aprovechar estos desarrollos en sectores estratégicos como la minerIA. La respuesta, por contundente que parezca, es binaria, una respuesta de ceros o unos: o nos adaptamos o desperdiciamos una oportunidad de oro para reposicionar el sector minero nacional y alinearlo con las exigencias de economías que ya integran estas herramientas en su funcionamiento cotidiano. Adaptarse implica reconocer varias realidades simultáneas.
Primero, los LLM y la infraestructura que los soporta -centros de datos, microchips, superchips y plataformas de cómputo- consumen energía y requieren materiales críticos: silicio, litio, níquel, tungsteno, renio, osmio, tierras raras, entre otros. Así como la transición energética demanda minerales para baterías y generación renovable, la expansión de la inteligencia artificial depende, inevitablemente, de la explotación responsable de recursos del subsuelo. En otras palabras, la tecnología digital y la minerIA son aliados interdependientes en la economía moderna. Es decir, sin el desarrollo de la actividad minera, no hay desarrollo de la IA.

Segundo, la integración de IA en la minerIA no es una moda tecnológica; es una transformación operativa y estratégica. Desde la prospección y exploración hasta la explotación, el beneficio y el cierre minero, la IA puede optimizar costos, mejorar la seguridad y anticipar impactos ambientales y sociales. Los LLM no reemplazan el juicio experto, pero amplifican la capacidad de procesar grandes volúmenes de información -modelos geológicos, modelos de bloques, datos de perforación y voladuras, secuenciamientos mineros, calidades en leyes y/o tenores de minerales, consumo de energía en molinos, trituradoras, hornos, sensores en tiempo real y registros ambientales- para tomar decisiones más informadas y menos sujetas a sesgos humanos.

Tercero, el aprovechamiento responsable de estas tecnologías exige políticas públicas coherentes y capacidades académicas e industriales fortalecidas. Universidades, empresas y entidades estatales deben colaborar en formación especializada, en investigación aplicada y en marcos regulatorios que promuevan la gobernanza de datos, la transparencia en el uso de IA y la trazabilidad de las cadenas de suministro de minerales críticos. Solo así la minerIA podrá ofrecer al país no solo materias primas, sino también desarrollos tecnológicos, empleo de calidad y modelos de innovación responsable.

Finalmente, pensar en el futuro del empleo minero es pensar en nuevas ocupaciones -ingenieros de datos geológicos, auditores de algoritmos ambientales, gestores de cadenas de suministro de minerales críticos- que hoy empiezan a germinar. El desafío es preparar a la fuerza laboral y a las instituciones para que estos perfiles emergentes se formen en Colombia y contribuyan a una minerIA competitiva y sostenible.

La revolución de la inteligencia artificial no es ajena al subsuelo; la alimenta. Si la minerIA colombiana actúa con visión, podrá convertirse en un actor clave de esa transformación, garantizando que la modernización tecnológica vaya de la mano con desarrollo social, protección ambiental y soberanía sobre los recursos que impulsan el futuro digital.

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