Analistas 12/12/2020

Trabajo en casa y miseria a cielo abierto

Pocos seres humanos, millonarios, explotan a la humanidad. La superficialidad de esa minería, a cielo abierto, socava la dignidad de millones de personas que sobreviven bajo el socavón de la miseria.

Tal como sucedió con la calidad de la educación, para aparentar que nadie pierde el año, la pobreza tecnócrata se percibe en sus mediciones de pobreza; entretanto, la miseria de los gobernantes, empresarios e inversionistas, se infiere a partir de las miserables decisiones que toman a puerta cerrada, aunque a cielo abierto emitan partes de tranquilidad para enterrar la verdad.

Ahora, ‘Bogotá 24 Horas’ extendió la jornada en la Capital de la Miseria a Cielo Abierto, donde: el Sitp «Provisional» y los alimentadores de Transmilenio violan normas de tránsito y bioseguridad; Rappi invade el espacio público, tal como los ambulantes, y sus vehículos emulan la anarquía de los oficiales y privados; ‘Bogotá a Cielo Abierto’ limitó la libertad peatonal, verbigracia en la T, para segregar la hambruna del apetito de los comensales que previamente extendieron la mano -como si estuvieran rogando monedas- para que les midieran la temperatura.

Claro, a muchos miserables (mezquinos) les parece miserable (ruin) que tantos miserables (pobres) les pidan una miserable (insignificante) limosna. Sin embargo, esta escena es recurrente porque sobran los Habitantes de Calle, y otros tantos miserables (desdichados) que viven confinados en la pobreza, expuestos al rebusque a cielo abierto. Colmo de males, como si se tratara de Los Miserables, de Víctor Hugo, a esa injusticia social se suma la judicial, pues las penas más severas las aplican a quienes roban pan.

Esto ocurre ante la indiferencia ciudadana, y el cinismo estatal; de hecho, pese a que nuestra República fue catalogada como riesgo (warning) por el Fragile States Index 2020, debería haber sido descalificada como Estado Fallido porque presenta todas las «alertas» de ineficacia gubernamental: insostenible cantidad de delitos, y pérdida del monopolio en el uso legítimo de la fuerza -hay más vigilantes privados en los bancos, restaurantes y comercios, que fuerza pública en las calles-; extrema corrupción; carencia de bienes y servicios básicos; en suma, fracaso socioeconómico porque la pobreza monetaria superaría 62% en las próximas semanas, según Luis Jorge Garay.

La informalidad y el desempleo de largo plazo condenan a la mayoría a la miseria, mientras el «Trabajo en Casa» de Nariño -y demás refugios institucionales, como el Capitolio o el Palacio de Justicia- lo ejercen miserables vagos. Así, divergente y negligente, Colombia contrasta la riqueza natural con la pobreza de su gente; contiene una de las minas de extracción de carbón a cielo abierto más grandes del mundo, y fundó una de las capitales más extensas, donde rigen la carbonización del aire y la miserable explotación del recurso humano, a cielo abierto. También a puerta cerrada, mientras nos empeñemos en ocultar los problemas, distinguiendo entre la subjetividad de la pobreza y la objetividad de la miseria.