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Papel moneda

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Germán Eduardo Vargas

Parece anacrónica la propuesta de CCL Secure de imprimir billetes plásticos. Aunque la Bolsa de Chicago aterrizó al Bitcoin, el futuro del papel moneda es la nube.

Contradictoria, la eurozona dejó de emitir sus billetes de mayor denominación (Bin-Laden); en lugar de erradicarlos, temiendo una ‘f-uga’ de capitales, los ‘retendrá’ y preservará su ‘libre’ circulación. Lavado de manos, el padrino Draghi arguyó: eso no es cosa nostra, dejen la camorra contra esos pobres billetes.

Luego, el CEO de JP-Morgan-Chase anunció el lanzamiento de una divisa digital indexada al dólar, tras descalificar al bitcoin como ‘fraude’. Principal banco de EE.UU., por valor y depósitos (USD$6B/día), escapó doloso a los fraudes Enron y subprime; ahora apuesta por las criptomonedas “correctamente controladas y reguladas”: curioso, pues su lobby rompió la ‘cristalina’ separación banca de inversión y consumo (Glass-Steagall).

Con otra entidad rescatada por ‘ciudadanos’, eran los mayores accionistas del plástico identificado por Diagramas de Venn, que permiten analizar lógicas de clases; también representar terceros excluidos, y conjuntos vacíos. Colofón, tras querer tener un millón de amigos, Facebook monetiza sus elecciones y ‘privacidad’; también impune, pirateará las transacciones de la china WeChat, mientras la evasora Apple emitirá una tarjeta, aliada con otra perla: Gold-man Sachs.

Estos oligopolios concentrarán y encarecerán el dinero, prometiendo algo diferente. Tienen obstáculos legales -Filadelfia y Massachusetts- y prácticos, porque el efectivo sustenta 30% de los pagos, siendo 77% presenciales (Diary of Consumer Payment Choice. Fed, 2018); su minería contaminará, y seguirán explotando la miseria, ‘gota a gota’, pues el ahorro renta menos que el costo de vida, mientras los costos de los servicios financieros y tasas (usura+microcrédito) siguen en las ‘nubes’.

Los espejos conquistaron indias, y nuestras pantallas reflejan cavernícolas (UgaUga, recomiendo ‘Manual de socialismo y capitalismo para mujeres inteligentes’, Shaw); entonces, las facilidades tecnológicas deberían suceder al aseguramiento de derechos o rentas universales, porque hay cosas que el dinero no puede comprar: para todo lo demás inventaron artilugios FiFi (Fi-nance+wi-Fi), dirigidos a personas Fifí (presumidas, RAE), pues el déficit y desempleo, su carente capacidad de pago, y los caprichos, llevaron las deudas a triplicar la economía real.

Trade-off, la guerra contra el efectivo descubriría nuestra economía ilegal -contrabando (USD$6.000M. El Espectador, 19/10/2017), narcotráfico (USD$5.459M. Portafolio, 4/7/2018), evasión ($50B. La República, 25/09/2018) y corrupción ($50B. Portafolio, 25/08/2018)- imponiendo riesgos como endeudamiento (Informe de tarjetas de crédito y débito, Superfinanciera) y cíber-fraudes ($150.060M. Asobancaria #1148/2018).

Cibernéticas, pero no democráticas, las apps permiten a cualquiera expresarse, aunque sólo leemos influencers; en su innovador capitalismo digital, inclusión también significa ‘tener’, y el sistema seguirá excluyendo a quien ‘es’ averso al riesgo (acciones/deuda). ¿Nuestro independiente BanRepública debería intervenir ese inelástico sector?

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