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La histeria universal nació con las cuentas y exclusiones y la historia económica surgió contando y discriminando conjuntos. Reducidos al absurdo, ¿estuvimos siempre separados pero juntos? En un principio, los números eran «naturales», «enteros» y «positivos»; fueron suficientes para compartir el planeta, de manera equitativa y «racional», hasta que cierto bando «negativo» irrumpió. A su imagen creó la ficticia deuda, originalmente destinada a los ‘bienes’; pecaminosa, terminó encarnando todos los ‘males’, y su “espíritu animal” tomando posesión de todo (Teoría del empleo, interés y dinero, Keynes).
Sí, la econometría y las matemáticas financieras son «irracionales»; «anularon» la sostenibilidad y sus proyecciones -corruptas, malignas o inexactas- deshonran aquellas obras de la naturaleza cuyos patrones reflejan al sagrado pi, la inmaculada razón áurea o la milagrosa sucesión Fibonacci. Igual, sus ecuaciones diferenciales parametrizaron nuestro dominio «real», imponiendo su «imaginario».
Respecto a esta última abstracción, rompiendo reglas que parecían escritas en piedra, resulta que el producto de dos negativos puede ser negativo; así, apelando a la confusión o formalizando lo absurdo, resolvemos los problemas de «raíz»: tentaciones del árbol del conocimiento, según interpreto a Leibniz (“wonderful refuge of the divine spirit, almost an amphibian”). Así nacieron los «complejos».
Estos permiten diseñar fractales, recurrentes e isomorfos, con área nula y perímetro infinito, como si representaran alguna deidad: esa “esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna” (La Esfera de Pascal, Borges). Además, determinaron el funcionamiento de los productos de la manzana mordida, reconocidos por esa «i» que perturbó la conducta económica y acomplejó la experiencia social, aplicando aquella ‘identidad’ con la que Euler armonizó los conjuntos antedichos.
Pero esa modelización solo tiene sentido en el mundo material, de acuerdo con Wigner -Nobel por contribuir a la Teoría de Grupos-, quien en ‘Unreasonable Effectiveness of Mathematics in Natural Sciences’ citó a Russell, cuya obra exponía la antinomia de los conjuntos y compendió la ‘Razonable Inefectividad de las Matemáticas en las Ciencias Sociales’. Por cierto, recomiendo ‘Icarus or Future of Science’; también ‘Modern Midas’, donde comparó las finanzas con la guerra, acaso por las leyes de potencias.
Sin rendición de cuentas, esto lo ignoran u omiten PhD que juran fidelidad a los «números», y «cuentan» con «natural» cinismo la «irracional» miseria, califican de «imaginaria» la inequidad e incentivan la «negativa» deuda, sin garantía «real». Puro cuento, sus modelos son desmesurados e inútiles, según contrastaron Borges (Del Rigor en la Ciencia) y Einstein: “as far as propositions of mathematics refer to reality, they are not certain” (Geometry and Experience, 1921).
Ojalá, algún día, aprendan la moraleja: el «metaconjunto» y «conjunto meta» son el planeta y la humanidad. De momento, los cuenteros y expertos pronostican el PIB post-pandemia trazando una L, U o W, aunque sus musas delinean la divergente K, pues el distanciamiento social reforzó la exponencial inequidad que ocultaban sus análisis discriminantes, desde antes del confinamiento.
La economía necesita un exorcismo; también una vacuna, pues las curvas de saldos y desempleados crecen, y no descienden, como la de contagios covid. No coma cuento.
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