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Productividad y Conpes

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El bajo nivel de productividad es uno de los mayores males que aquejan a nuestra economía y a Latinoamérica en general, sobre el cual se han realizado muchos trabajos pero aún adolecemos del remedio adecuado, pese a que la prescripción correcta figura hace años entre los tratamientos mundiales identificados para aliviar sus nocivos efectos.

Sobre el tema están disponibles para comentarios desde mediados de enero pasado los borradores de los Documentos Conpes sobre Ciencia Tecnología e Innovación (CTI), así como el de Política de Desarrollo Productivo (PDP), que en conjunto constituyen la denominada Nueva Política Industrial, con la cual el Gobierno Nacional espera enfrentar este decisivo y trascendental reto.    

Pero después de revisar estos borradores estimo tienen espacio para nuevos y sustanciales criterios y elementos de juicio, es decir, conocimiento, que le dé mayor pertinencia y solvencia al diseño, ejecución y evaluación de la política pública relacionada, en especial y en particular, para el debido tratamiento de la Inversión Extranjera Directa (IED) de Calidad, inexplicablemente soslayada.

Al respecto, sólo el Conpes de CTI incluye tangencialmente la única actividad con el “diseño de un plan para identificar y canalizar recursos internacionales para realizar I+D en Colombia, particularmente con empresas multinacionales, centros de pensamiento e investigación y organismos multilaterales”. Sin embargo, ante la gran posibilidad de externalidades positivas posibles de derivar por medio de éste canal, no solo para Transferir Conocimiento y Tecnología, bien vale la pena considerar todas las alternativas disponibles para sacarle máximo provecho.

Por su parte, el Conpes de PDP aunque menciona la IED en la introducción y con mayor extensión como “Determinante de Productividad”, con referencia además a casos internacionales por emular, sorprende ver que dentro del conjunto de políticas y estrategias que contiene el documento, ésta prioritaria y decisiva herramienta para realizar una verdadera transformación productiva se desconoce al dejar vacíos necesarios de ser allanados con la debida mirada y manejo.

Por eso debemos exigir que la política pública incluya correctamente ésta neurálgica variable, llamada a cerrar brechas no solo en materia de productividad, al incorporar nuevas capacidades con innovación científica y tecnológica para realmente sofisticar y diversificar, sino para superar desequilibrios externos y la insuficiencia interna, junto al desarrollo equitativo sostenible.

Y aunque el tiempo pasa y las actitudes de los funcionarios públicos y privados responsables del tema parecen displicentes al hacer caso omiso a los aportes y recomendaciones realizadas, la verdad es que gracias a la consistencia, fuerza y solidez de los argumentos esgrimidos, espero que pronto haya suficiente conciencia al respecto y de suyo, las decisiones requeridas.

Pero también es posible que los pobres estafetas del incrementalismo insulso se sigan haciendo los de la oreja mocha, por estar más embelesados en el prestigio que ostentan las altas posiciones y el poder que emanan, aunque su servicio sea espurio y sin los resultados requeridos. 

Ojalá esto no acontezca y la ministra María Claudia Lacouture, con quien conversé cuando promovía la IED, escudada en no ser la responsable del diseño de la política, se focalice ahora debida y acertadamente en el tema, sin pensar que la paz responderá per se a todas nuestras falencias, como parece ser sucede ahora.

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