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Por la Bogotá del conocimiento

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Desde finales del siglo antepasado hasta los años ochenta del pasado, Bogotá fue reconocida como la “Atenas de Suramérica”, en alusión al esplendor cultural y la sensación cosmopolita e intelectual que ofrecía a habitantes y visitantes, lo que parece volverá a ser una realidad por la elección que hicimos recientemente, que esperamos elimine el estigma de las malas gestiones en los últimos periodos. 

Así al menos lo dejó entrever como abrebocas el artículo “Bogotá, Colombia: introducing the Athens of South America” publicado en el diario “The Telegraph” el 4 de julio del año pasado, que habla de nuestra capital como “la culta Bogotá, con clima y escenarios adorables, extendidos a lo ancho de una planicie en los Andes”, pero sin mayor pista ni referencia sobre los movimientos culturales, ni eruditos.

Y aunque tal título de “Atenas Suramericana” lo popularizo desde fin del siglo 19 el francés Pierre d’Espagnat y el argentino Miguel Cané, maravillados con la actividad cultural e intelectual bogotana de esa época, en experiencias que documentaron y escribieron, lo cierto es que hoy en día por sustracción, muy poco se habla de su dinamismo y relevancia en el concierto capitalino, nacional y regional.

De ahí lo sustancial y vital que resulta retomar este legado, iniciando desde lo cultural, acerca de lo cual bien vale la pena rescatar, reconocer y ensalzar las actividades de primer nivel que se realizan, entre otros, en escenarios teatrales y de artes plásticas, como el Festival Iberoamericano de Teatro y la Feria ArtBo, que han sabido ganarse un merecido prestigio en el contexto hemisférico y mundial.

Pero ante todo es preciso que nuestra capital nacional en tal condición reconsidere su posición respecto de la soberanía del conocimiento, relacionada con el manejo innovador en la mayor cantidad posible de fronteras de la producción sustentable; del dominio del estado del arte en áreas productivas y sociales que la inserten en la economía y sociedad del saber, de la cual pareciera alejarse cada día más.

Claro está, hay una institucionalidad preocupada y proactiva en buscar soluciones al respecto, orientada ahora por el paradigma de la especialización inteligente, integrada en un sólido bloque del cual hacen parte entidades privadas y públicas, tales como la Cámara de Comercio de Bogotá, Connect, ProBogotá, Universidad Nacional, Secretaria Distrital de Desarrollo Económico y Colciencias.

Sin embargo, el enfoque del tratamiento escogido es más de lo mismo en tanto es fortalecimiento endógeno de vocaciones productivas tradicionalmente realizadas en el eje del Anillo de la Innovación, más el ahora denominado BioPolo, que puede ser el correcto pero sin lugar a dudas requiere complementarse con actividades más proclives al conocimiento y las exportaciones, aún por definirse bien.

Al respecto en buena hora se adelanta una iniciativa sobre el tema, el Parque Tecnológico exigido por la ciudad para ofrecer plataformas civiles en condiciones especiales como las definidas en el Conpes 3834, que junto a otros beneficios por diseñarse e instrumentarse, constituyan un seductor ecosistema que movilice la inversión de clase mundial requerida para cerrar las brechas del saber.

Hacer bien esto requiere ampliar las posibilidades urbanas sobre lo cual Peñalosa expresó: “Romer dice se necesitan ambas cosas, renovación urbana y expansión ordenada”, que además acabe el insufrible caos vial. Entonces por fin retomamos el buen camino, éxitos alcalde.

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