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Popurrí competitivo con Paz

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Al hablar sobre competitividad con paz vemos que en nuestro país se han realizado varios análisis y estudios sobre el tema, con diferente matiz y profundidad, que bajo interpretaciones alternativas han considerado desde el costo de mantener una fuerza armada combativa, hasta los requerimientos de recursos del posconflicto, y todos confluyen en la gran posibilidad de generar balances positivos al respecto.

Sin embargo es incierto que tanto puede impactar la paz en la competitividad y a mi modo de ver mencionar cualquier cifra respecto del PIB es bastante temerario, por cuanto son muchos los factores relacionados entre ambos temas que hacen muy difícil de valorar esta relación, pero lo que si es cierto, es que ésta existe y que vale recabar en su real dimensión.

Al observar la posición competitiva de Colombia frente a la región y él mundo, no es la mejor, con una tendencia que pareciera no ser tan inconveniente conforme el informe recientemente entregado por el Consejo Privado de Competitividad, que resalta que para el Foro Económico Mundial (FEM) este año mejoramos siete posiciones a escala global al pasar del puesto 68 al 61, entre 140 países evaluados.

Si revisamos el comportamiento en los últimos diez años de ésta métrica, vemos que mantenemos la quinta posición en Latinoamérica, con un líder Chile, que cada día pierde competitividad y en un contexto regional demasiado frágil por la situación de las doce variables analizadas que el FEM agrupa en: condiciones básicas, potenciadores de eficiencia, y factores de innovación y sofisticación.

Y aunque recitamos muy bien la lección, porque para eso somos especialistas, también pareciera que todo nos entra por un oído y nos sale por el otro, porque sabemos muy bien que el meollo del asunto está en incrementos sustentables de la productividad que no logramos obtener pese a construir colectivamente y que nos acompañan los conceptos y más acreditados expertos internacionales.

Es que acá aún pensamos única y exclusivamente en suplir las necesidades de la actual oferta productiva, sin revisar como incorporar nuevas capacidades en el mediano y largo plazo, sesgando la visión del ejercicio sistémico realizado, que es además una situación que tipifica toda la región, sin que los eruditos términos de la cartilla actual se materialicen y por el contrario, con el riesgo que se desvirtúen.

Entre muchos otros elementos críticos, es claro que Colombia no solo no tiene la capacidad de reemplazar su canasta exportadora, sino pareciera peor, la voluntad política y sistémica para que ésta transformación se dé, siendo una tarea urgente pendiente de ser abordada debidamente, dadas las implicaciones que tienen las amenazas macroeconómicas provenientes de los desequilibrios externo y fiscal. 

Pero al retomar la arista de la paz son muchos los comentarios por hacer, entre ellos que comparto las conversaciones que al respecto se adelantan en Cuba, porque siempre y cuando éstas sean genuinas, pero ante todo puedan legitimarse correctamente, podremos dejar atrás un tiempo dañino para nuestra sociedad; por eso pienso que el plebiscito debe ser el camino hacia una nueva Constituyente.

Aprovechar está Providencial oportunidad para refundar nuestra Carta Magna que sirva no solo para acoger en sus decisiones a todos los actores del conflicto, sino además para realizar las requeridas reformas que el Congreso ha sido incapaz de realizar, sobre la débil autonomía regional y la justicia cooptada que asola.

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