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Neo-mercantilismo versus tecnología

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Definitivamente lo que ha sucedido con las decisiones de Trump en materia de integración y apertura comercial, en particular con la China, abrieron un interesante debate de política económica relacionado con el rol de los Estados frente a las necesidades de sus pueblos de gozar de un desarrollo sostenible e incluyente, que claro está, ha tenido diferentes acepciones e interpretaciones.

Hay quienes ven esta coyuntura más como una disputa entre los adalides del libre comercio y el laissez-faire, que reacciona contra al neo-mercantilismo y sustentan sus posiciones, en el supuesto belicismo de este último frente al pacifismo del primero, lo cual resulta totalmente reduccionista y conductista, pero además es un juicio bastante peligroso, dado su carácter maniqueo.

Tampoco quiero de ninguna manera entrar a defender al mercantilismo, que claro está antaño buscó aumentar el poder político con ínfulas imperialistas, incluso pasando por encima de naciones avasalladas, modelo que estimo difícil de replicar en la circunstancia actual, pese al poderío económico o el tamaño de los mercados de algunos países; pero también, me parece injusto asimilarlo a las políticas de Raúl Prébish que industrializaron la región con otro enfoque hoy anticuado, pero útil en su momento, los años 60 y 70 del siglo pasado.

Es que todo extremismo por naturaleza es perjudicial, así como tomar partido de forma radical con argumentos y análisis sesgados y excluyentes, que solo sirven para fracturar y dividir, en un mundo y condiciones que necesita ante todo de argumentos y razones para cohesionar y unir en torno a propósitos comunes, lo cual parece estar lejos del pensamiento intelectual criollo.

Por eso me llamó la atención un artículo reciente de Martin Feldstein sobre el tema (“The Real Reason for Trump’s Steel and Aluminum Tariffs”, Project Syndicate, 15 de marzo), quien pese a ser un acreditado experto neoliberal por haber fungido como el principal asesor económico de Reagan en su mandato, tiene una visión más pragmática y real del asunto al sostener que detrás de las medidas de Trump, hay razones tecnológicas con mayor peso y trascendencia que las comerciales asociadas a los mercados del aluminio y el acero.

Argumenta que China ha sido ladrón de tecnología, antes mediante sofisticadas capacidades cibernéticas, que Obama frenó en 2013, robo que actualmente se hace de otra manera en tanto a las empresas norteamericanas interesadas en entrar a China, las requieren para que voluntaria y anticipadamente transfieran su tecnología a empresas chinas como condición para ingresar al mercado, lo que asimilan como extorsión, por lo cual observa a los aranceles, más como una forma de persuadir al gobierno de China de eliminar las transferencias voluntarias de tecnología, porque tienen un precio competitivo demasiado alto.

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