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Ideas dislocadas

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El término dislocado, aplicado al ámbito de las ideas, se refiere a “torcer un argumento o razonamiento o manipularlo, sacándolo de su contexto”, conforme a su significado en el diccionario de la Real Academia Española, sobre lo cual resalto cómo casi todas las ideas rotuladas sufren permanentemente de este síndrome, traducido en muchas de las expresiones ambiguas del acontecer social y político.

 Parto de la base de que el escenario de tensiones absurdas del panorama político nacional y mundial no ha cambiado en los últimos 90 años, la razón de ello la da la legendaria frase: “ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”; de José Ortega y Gasset en su insigne obra.

 Me refiero de nuevo a “La Rebelión de la Masas”, que estimo el mayor legado del prolífico y excelso autor español, libro publicado en 1930 como compilación de sus artículos en el diario El Sol, donde en el prólogo francés, aparece lo antes expuesto que expresa de manera magistral el significado de matricularse sin sentido con determinada tendencia política, si en el fondo no hay diferencias, solo de matiz, siendo la conveniencia particular y los consensos acomodados, los que dominan.

 Acá nos encontramos ante un ambiente y condiciones donde muy a pesar de que unos y otros se tilden de pertenecer a supuestas fracciones extremas, llámense de derecha o izquierda, la verdad es que todos defienden y luchan casi que por los mismos ideales y fungen casi que con las mismas herramientas de política pública, pero con diferente ropaje y atendiendo otras clientelas, único factor diferenciador.

 Una de las muestras fehacientes de esto es la influencia del neoliberalismo en todas las vertientes del pensamiento político en el acontecer nacional, traducida en la gran ambigüedad con el tratamiento de los problemas y retos que enfrentamos, con el agravante de que estos se exacerban continuamente sin que nos pellizquemos, porque lo que importa es tener el poder, pero sin poder resolver lo acuciante.

 Advierte Ortega y Gasset que “en todo hecho de camuflaje histórico hay dos realidades que se superponen: una, profunda, efectiva, sustancial; otra, aparente, accidental y de superficie”, pero además que “el hombre medio tiene las ideas más taxativas sobre cuanto acontece y debe acontecer en el universo, por eso ha perdido la audición”; ante lo cual requerimos visiones holísticas y transformadoras.

 Sostiene que la vida está compuesta de dos elementos radicales: la circunstancia y la decisión, además que en el pasado no está lo que debemos hacer pero sí evitar; todos estos conceptos que muchas veces olvidamos y otras ignoramos, pero que sin lugar a dudas se constituyen en base para comprender y sobre todo, para actuar y servir mejor en la medida que acojamos bien estas valiosas lecciones.

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