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El reto de los objetivos mundiales

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Después del acuerdo entre los países que integran las Naciones Unidas relacionado con los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) 2000-2015, revisados en el llamado Consenso de Monterrey 2002 y la Declaración de Doha 2008, empezamos éste año con el monumental reto consignado en las diez y siete metas trazadas en la Agenda de Adís Abeba en septiembre pasado, que definió para 2016-2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, (ODS) con mejoras para su posible concreción. 

Importantes virajes fueron dados que sirvieron para darle mejor contenido y posibilidad de realización, los cuales tienen que ver con el compromiso denodado con el tema de muchas agencias multilaterales, que incluyen a todos los bancos de desarrollo del mundo y esperan involucrar activamente en este proceso al sector privado, debidamente auspiciado y estimulado por el sector público de cada país.

Los desafíos globales necesitan de acción global mediante políticas de desarrollo y financiación correctas que guíen y orienten a los gobiernos en tal dirección; sobre el particular, se nota un esfuerzo adicional relacionado con el liderazgo requerido para acabar por siempre la pobreza extrema y las desigualdades, pero además con un asunto trascendental como lo es el cambio climático.

Es que aunque los ODM fijaron metas medibles sobre la erradicación de la pobreza y el hambre, la prevención de las enfermedades mortales tratables, la mejora en el acceso universal a la educación integral de calidad para los niños y con minimizar la mortalidad infantil, entre otros requisitos claves del desarrollo, la tarea está aún pendiente de resolver para millones de personas, lo cual hizo necesario éste último esfuerzo que deberá colocar al mundo en la senda del desarrollo sostenible.

Los ODS también conocidos como Objetivos Mundiales son: 1) Fin de la pobreza, 2) Hambre cero, 3) Salud y bienestar, 4) Educación de calidad, 5) Igualdad de género, 6) Agua limpia y saneamiento, 7) Energía asequible y no contaminante, 8) Trabajo decente y crecimiento económico, 9) Industria, innovación e infraestructura, 10) Reducción de las desigualdades, 11) Ciudades y comunidades sostenibles, 12) Producción y consumo responsable, 13) Acción por el clima, 14) Vida submarina, 15) Vida de ecosistemas terrestres, 16) Paz, justicia e instituciones sólidas, y 17) Alianzas para lograr los objetivos.

Para éste propósito el rol de las agencias multilaterales involucradas con el tema respecto del apoyo para los gobiernos puede darse en cuatro grandes frentes: la integración con las políticas generales, su aceleración, la guía en las políticas públicas, y la financiación.  Al respecto el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo es la agencia responsable y será quien dirija la elaboración de las directrices para que los informes nacionales sean relevantes y pertinentes; así mismo, el Banco Mundial es quien lidera las soluciones financieras relacionadas.

Sobre el particular nuestro país actuó proactivamente al expedir el año pasado el Decreto 0280, que creó la Comisión lnterinstitucional de Alto Nivel para el alistamiento y efectiva implementación de la Agenda de Desarrollo Post-2015 y los ODS, “mediante políticas públicas, planes, acciones y programas, con planificación prospectiva, y el monitoreo, seguimiento y evaluación de estos objetivos, con sus respectivas metas”, a través de una Secretaria Técnica ejercida por el DNP.

Finalmente una cosa es la palabra y otra los hechos que la confirman o desvirtúan, se requerirá entonces del compromiso de todos, para así alcanzar metas comunes.

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