ANALISTAS

Ciudadanía válida
jueves, 6 de febrero de 2020

Definitivamente la democracia está en crisis, razón de ello la dan las marchas y protestas masivas en el mundo, popularizadas en Francia su cuna moderna con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, aunque el concepto surgió en Grecia cuyo significado proviene del “poder del pueblo”, sistema inventado en Atenas en el siglo VI a. C. como alternativa de gobierno en esta ciudad donde las decisiones eran tomadas por las asambleas de ciudadanos, en algunos casos designados por sorteo y en otros por la mayoría de hombres no esclavos, ni extranjeros; sistema que por supuesto tomó vigor con la abolición de la esclavitud y el sufragio universal.

Así, desde que el movimiento de los chalecos amarillos difundido en redes sociales comenzó a tomar fuerza en Francia en 2018, sin representación oficial como símbolo de manifestación contra el aumento del precio a los combustibles por el impuesto al carbono, la pérdida del poder adquisitivo de la clase media y baja, el abandono a las zonas rurales, junto a la organización de un referendo de iniciativa ciudadana; este se expandió en Europa a Bélgica, Holanda, Alemania, Italia y España, similares en su actuar: el bloqueo de carreteras y calles.

Por supuesto que el descontento con los gobiernos es la principal causa de las movilizaciones sociales, donde claro está Venezuela ha sido pionera en América Latina cuando en 2002 comenzó a manifestarse la ciudadanía en contra del régimen chavista iniciado en 1998, junto a la toma del poder por tres días de Pedro Carmona auspiciado por un golpe militar que fracasó y perpetuó ese sistema hasta hoy, con más protestas civiles desde entonces, en especial después de 2013 cuando Nicolás Maduro gano las elecciones con un estrecho margen, que se intensificaron en 2016 y 2017, junto a la represión estatal.

Así el año pasado tuvo un boom de expresiones similares en toda la región, con manifestaciones en Ecuador, Chile, Bolivia, Argentina, Brasil, Puerto Rico, México, Honduras, Haití, Estados Unidos y claro está Colombia, pero además en otras latitudes como en Rusia, Hong Kong, Egipto, Líbano, Irak e Indonesia y recientemente, en Irán e India.

Todos con diferentes matices y móviles, pero con un trasfondo similar, carencia o debilidad en el sistema democrático y sus representantes, frente a las demandas y necesidades sociales, lo que amerita una seria reflexión y revisión de sus pilares y expresiones.

Una realidad sobre su imperfección tiene que ver con que los ciudadanos se limitan en el mejor de los casos, tan solo a votar para elegir representantes en los poderes legislativo y ejecutivo, mientras las medidas de democracia directa cada vez tienen menos expresiones válidas e institucionalidad, aunados a las falencias en los métodos respecto de la educación cívica y urbana, que necesitamos retomar y actualizar debidamente, so pena de fenecer en el caos.