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Tribuna Parlamentaria 12/11/2021

Las MiPyme son transformación

Gabriel Velasco
Senador

Definitivamente la campaña electoral ha empezado a tomar momentum con la baraja de precandidatos y candidatos eternos quienes han empezado a acudir a los debates, entrevistas, y en general, a exponer sus diferentes propuestas y tesis. Algunos ostensiblemente diferentes, otros con propuestas bastante populistas y peligrosas, pero en general todos hablando de la importancia de la reactivación económica, parece que este tema está en el centro del debate pero sigue sin trascender ese cúmulo de zonas grises que marcan el miedo a una salida en falso en una contienda tan apretada.

Así pues, es incipiente la caracterización de esa reactivación económica, o lo que es lo mismo, al margen de quienes abiertamente atacan la iniciativa privada y los que la defienden, poco o nada se ha hablado de la importancia de generar un ecosistema donde el pequeño y mediano empresario logre sacar adelante su emprendimiento, ni de cuales deben ser los pilares que lo sostengan.

Y es que en ese juego dialéctico en el que estamos inmersos desde ya hace un tiempo ha hecho que se pierda de foco que en Colombia cuando hablamos de empresarios hablamos de Don Pedro, de Doña Marta, y no de Ardila o de Sarmiento.

Ya antes de la pandemia las Mipyme representaban cerca de 96% del tejido empresarial y aportaban cerca de 40% del PIB, y cerca de 80% de empleo en colombia; con la llegada del covid 19, estas fueron las más afectadas, y ni que decir de las pequeñas y medianas empresas dirigidas por mujeres.

Es por esta razón que una estrategia de reactivación económica pasa por la creación de un ecosistema que comprenda estas realidades; el afán regulador del estado muchas veces desconoce tres factores de suma relevancia a la hora de buscar generar ciclos virtuosos en el tejido empresarial: (i) existe una importante brecha tecnológica en Colombia, la cual debe ser atendida de manera total si buscamos generar una mayor productividad y competitividad, (ii) la informalidad laboral está marcada por el excesivo ímpetu de los reguladores quienes han generado unos esquemas de cotización a seguridad social que no se cotejan con las realidades del mercado laboral, y han derivado en unos altísimos costos laborales no salariales que muchas veces son imposibles de cumplir para las MiPyme, y (iii) la tecnología y los nuevos modelos de negocio van mucho más rápido que el regulador, por lo que intentar imponer normas viejas a las formas nuevas lo único que hace es detener abruptamente los avances sociales y empresariales.

Cada vez más se hace necesario poner en el centro del debate al pequeño y mediano empresario. Las políticas de transformación y movilidad social pasan por tener un ecosistema que permita a las MiPyme robustecerse. Es hora de hablar de como van a “regular para desregular” quienes hoy tienen vocación de poder presidencial, cómo atraer formas privadas de financiamiento a bajo costo que compitan con la banca tradicional, y cómo flexibilizar con seguridad el mercado laboral para bajar los costos de formalización de las empresas. Estaremos atentos.