La pandemia del Covid-19 es el mayor reto que ha enfrentado mi generación y la mayoría de las de ustedes, pero está sacando lo mejor de nosotros como sociedad; hemos privilegiado la vida y la salud, hemos retomado el uso de la palabra solidaridad, estamos apoyando a las instituciones, nos hemos unido en el propósito de vencerla y mantenemos la esperanza de lograrlo. El distanciamiento social y el autocuidado han sido las armas que hemos empuñado para derrotar a este enemigo invisible.

Pero este virus no es el único peligro inminente, tampoco nuestro único enemigo invisible. La tensa situación económica que está enfrentando nuestro país es también una difícil realidad que afecta sin tregua a nuestra población y especialmente a sus ingresos. Estoy convencido de que las dos pandemias más duras que ha vivido la humanidad son el hambre y la pobreza, y el coronavirus es capaz de propagar ambas, si no mitigamos sus efectos.

La dupla salud-economía no puede ser una disyuntiva. Una y otra son necesarias para subsistir. Una economía boyante es requerida para nutrir al sistema de salud y una sociedad saludable es necesaria para dinamizar nuestra economía. La pelea con este enemigo invisible solo la ganaremos si logramos recuperar ambas.

Los mayores afectados hoy por hoy son el motor de nuestra economía: los más pobres y la clase media (incluyendo independientes y Pyme). Los primeros, en buena medida, recibirán las ayudas estatales; pero los otros, con dolor, son el jamón y el queso de un sandwich que no se ven apoyados ni por los auxilios del Gobierno ni por los alivios tributarios. Por el contrario, son quienes asumen de frente la “carga viral”.

Es precisamente a esa clase media, invisible, que debemos visibilizar. Nuestro auto cuidado como país también pasa por otorgarle garantías a la clase media y a los independientes. Alivios económicos, decisiones solidarias de las instituciones financieras, buscar que se sientan parte del sistema, que logren acceder a créditos con menos trabas asociadas al riesgo crediticio, o a un ingreso transitorio; deben ser medidas que empecemos a plantearnos como país para asumir el duro golpe que vivimos como sociedad.

Por otro lado están las Pyme. Generadores de empleo y fuente de ingresos, que también deben ser ayudadas. El papel del Estado por salvar a la economía debe ser activo. Debemos buscar mecanismos para que puedan pagar sus nóminas y mantener el empleo. Revisemos utilizar el gasto público para realizar compras de productos colombianos (incluya agro) que estimule la producción nacional, puede ser una salida.

Vamos a salir adelante y superaremos esta crisis, sí. Pero debemos plantearnos desde ya una pregunta: ¿cuándo abramos las puertas de nuestras casas, qué país queremos encontrar? De la solidaridad que tengamos hoy con la mayor proporción de colombianos podemos garantizar que saldrá un país capaz de afrontar el reto de reconstruir su economía. La planeación y solución a esta crisis no pasa solo por aplanar la curva de contagio, sino por visibilizar y atacar la mayor cantidad de problemas socioeconómicos que con ocasión de esta se van a manifestar o profundizar.