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ANALISTAS 25/09/2025

Ecos del discurso de Trump y outlook del WEF

Fredy Vargas Lama
Director del Doctorado en Administración

Hoy, mientras escribo estas líneas, el presidente Donald Trump alzó la voz en la Asamblea General de Naciones Unidas. Su discurso fue fuerte y contundente, centrado en la soberanía nacional frente al globalismo. No estuvo exento de polémica, aunque conectó con sectores que sienten haber perdido control sobre sus fronteras y economías. Al mismo tiempo, algunas de esas inquietudes resuenan, con un tono más técnico y moderado, en otras voces internacionales que alertan sobre la creciente fragmentación económica y política del mundo.

Ese mismo día, el Foro Económico Mundial publicó su Chief Economists Outlook - Septiembre 2025. Desde otra orilla, con el lenguaje de los datos y los gráficos, el informe recoge tensiones similares: un planeta que crece de manera desigual, que se fragmenta en sus cadenas de valor y que avanza hacia la transición energética entre dudas, costos y oportunidades. Más allá de coincidencias y diferencias, el punto común es claro: vivimos un tiempo donde lo inmediato domina la agenda, pero lo decisivo sigue estando en el largo plazo.

Tendencias globales y sus implicaciones locales

El Outlook muestra cómo la economía internacional combina dinámicas de dinamismo y focos de vulnerabilidad que marcan el pulso del presente y el corto plazo:

• El crecimiento mundial se mantiene moderado: Asia y Norteamérica lideran, Europa enfrenta estancamiento y Latinoamérica apenas camina, dependiente de exportaciones y vulnerable a choques externos.

• La inflación persiste en alimentos y energía. Los bancos centrales mantienen cautela con tasas restrictivas que prolongan la incertidumbre.

• La fragmentación geoeconómica se intensifica: estándares tecnológicos distintos, cadenas de valor reinterpretadas y más nearshoring, lo que abre oportunidades para países con estabilidad institucional.

• La innovación y la digitalización son motores de productividad y competitividad, pero también fuentes de desigualdad si no se acompañan de inversión educativa, ética y acceso equitativo.

• La transición energética es inevitable, urgente y costosa. Su financiamiento será un desafío para la región si no se consolidan políticas claras y alianzas estratégicas, guiadas por evidencia presente y visión de futuro, no por intuición.

Colombia y Latinoamérica ante la bifurcación

Si estas tendencias marcan el tablero global, la pregunta inevitable es cómo se ubica nuestra región en este escenario. Colombia y Latinoamérica tienen frente a sí la elección entre replegarse o atreverse a jugar un rol protagónico:

• Colombia necesita infraestructura moderna -digital, logística, energética- que cierre brechas internas y regionales.

• Fortalecer el Estado es esencial: eficiencia, transparencia, seguridad y meritocracia para recuperar confianza e impulsar inversión.

• Adoptar una mirada de futuro resulta urgente: decisiones basadas en evidencia, anticipación estratégica y visión más allá de ciclos electorales.

Desde la transición eólica en La Guajira hasta el auge del nearshoring en México, la región ya enfrenta decisiones que marcarán su competitividad y sostenibilidad en las próximas décadas.

Recomendaciones estratégicas para los nuestros

En este contexto, la incertidumbre no debe verse como un obstáculo, sino como la materia prima de la estrategia y la innovación. Para gobiernos y empresas, tres líneas de acción se vuelven prioritarias:

1. Establecer políticas estables que promuevan innovación, transición verde y desarrollo tecnológico inclusivo.

2. Impulsar alianzas regionales sólidas que aprovechen el nearshoring y permitan compartir riesgos frente a la fragmentación global.

3. Institucionalizar la gobernanza anticipatoria: escenarios de riesgo geopolítico, climático y social como parte del ADN de la política pública.

Hacia un futuro compartido

El discurso en Nueva York y el reporte en Ginebra parten de lógicas distintas, pero ambos reflejan el mismo dilema: un mundo que se fragmenta mientras intenta crecer y cooperar. Colombia y Latinoamérica no pueden resignarse a ser espectadores de esa tensión. Les corresponde anticipar cambios, construir instituciones sólidas y generar alianzas que conviertan vulnerabilidades en oportunidades.

El momento exige pasar de la retórica a la acción: diversificar nuestras economías, invertir en educación e innovación, y apostar por la integración regional como escudo y plataforma. No basta con diseñar políticas; se trata de poner en el centro a nuestra gente: a los jóvenes que enfrentarán un mercado laboral en transformación, a las comunidades que temen quedar rezagadas en la transición energética, a los emprendedores que buscan competir globalmente y a los trabajadores de hoy, que con su esfuerzo sostienen la construcción del presente y abren camino al futuro.

La soberanía del mañana no se medirá en muros ni en rechazar la interdependencia, sino en nuestra capacidad colectiva de decidir, cooperar y actuar con visión de futuro, incluso desde la diferencia. Solo así construiremos un porvenir compartido que trascienda coyunturas y fronteras, y que entregue a las próximas generaciones una región más justa, innovadora y resiliente.

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