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Analistas 20/01/2021

Cuidemos al Banco Agrario

El Banco Agrario es a la vez un banco comercial y un banco de desarrollo. Este último, que es lo que justifica su naturaleza pública, es definido por Ricardo Hausmann, economista y profesor de Harvard, como “una entidad financiera gubernamental que promueve el desarrollo económico o social a través del financiamiento de actividades con altos retornos sociales, apuntándole a la corrección de fallas de mercado bien identificadas”. Eso es lo que hace el Banco Agrario en el sector agropecuario, donde existe una falla de mercado identificada en la irrigación de crédito a pequeños productores y a proyectos agroindustriales en ciertas partes del país, donde la aversión al riesgo de la banca privada no le permite llegar. Un ejemplo es la financiación del ecosistema de palma de aceite, tanto en la producción como en la transformación en el Catatumbo, donde sin la participación del Banco Agrario este no existiría.

No hay duda sobre la justificación de la existencia de estas entidades, más aún si se consideran otras fallas de mercado como la financiación temprana de actividades tecnológicas que pueden generar un cambio estructural en la economía de un país, pero que no encajan en el apetito de riesgo de la banca privada.

Estas justificaciones fueron llevadas muy lejos en la segunda mitad del siglo pasado cuando buena parte de los activos bancarios quedaron en manos de los gobiernos, incluyendo el caso colombiano. Pero esto cambió luego del consenso de Washington, donde se cuestionó la injerencia de los estados en las economías con el argumento de que, si bien existían “fallas de mercado”, también existían “fallas de gobierno”, excediendo los costos de estas a los beneficios de corregir las del mercado. Este análisis hizo que el péndulo regresara y se dio una ola de privatizaciones bancarias. Luego de la crisis financiera de 2008, el mundo necesitó más intervención estatal en los mercados de crédito y eso hizo que se buscara su dosis justa a través de más banca de desarrollo.

En Colombia tenemos al Banco Agrario, como banco de desarrollo de primer piso, gracias al cual cerca de un millón de familias campesinas pueden producir, siendo el único banco que las financia, y gracias al cual muchos proyectos agroindustriales que generan empleo formal tienen acceso al crédito.

¿Cómo cuidar al Banco Agrario? ¿Cómo evitar que colapse como su antecesora la Caja Agraria? La respuesta está en eliminar las “fallas de gobierno”, que consisten en los sobrecostos de operación y suelen ser causados por la corrupción, el direccionamiento de créditos por razones políticas (como habría sido presuntamente el caso de Navelena), en equipos gerenciales incompetentes, incluyendo órganos de gobierno corporativo y en procesos deficientes de originación de crédito y cobranza de cartera. El común denominador en estas fallas es la injerencia de la politiquería y el clientelismo.

La instrucción que recibí del presidente Duque en 2018, cuando el Banco venía en un proceso de deterioro progresivo, fue la de alejarlo de esas injerencias indebidas y encaminarlo hacia la excelencia gerencial. El objetivo se ha cumplido, y las cifras de utilidades, reducción de costos, ROA y ROE son extraordinarias, y aunque no hay todavía cierre definitivo de 2020, puedo anticipar que el desempeño financiero del Banco en medio de la pandemia fue superior al promedio de la banca privada. También son extraordinarias las cifras que tienen que ver con banca de desarrollo, como son el acceso al crédito de pequeños productores, de mujeres rurales y jóvenes. Todo esto gracias a una serie de cambios en talento humano, tecnología, y cultura organizacional, entre otros, mejorando también nuestras capacidades de banca comercial en aquellos segmentos donde competimos en igualdad de condiciones con la banca privada.

Esto nos debe conducir a reflexionar sobre la importancia de proteger al Banco Agrario. Es muy importante que el buen gobierno corporativo del Banco no dependa de la voluntad de un buen presidente, como es el presidente Duque, ojalá se puedan introducir cambios en el futuro para blindarlo de malos gobiernos. Es importante que se genere un consenso, algo parecido al generado alrededor de empresas como Ecopetrol, en el sentido de que el Banco siempre debe ser manejado por equipos gerenciales profesionales.