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Diez reflexiones sobre la pobreza en Colombia

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LR publica la introducción del libro ‘Explicando lo Inexplicable’, de Fernando Botero Quintana.

La pobreza es el mayor mal que ha afectado a Colombia desde la Independencia. Es la enfermedad que ha deteriorado la salud de nuestro país y el principal obstáculo que nos impide progresar como una sociedad justa e igualitaria. Esta problemática nos ha estancado y nos ha limitado en el propósito de competir en un mundo cada vez más globalizado e interrelacionado. La pobreza es la madre de todos nuestros conflictos y un factor crucial que incide en la violencia que ha carcomido nuestra esencia como nación. Por todas estas razones, la comprensión y el análisis del fenómeno de la pobreza tienen una trascendental importancia en el debate democrático de ideas en Colombia.

Aunque se han hecho grandes esfuerzos para reducir la pobreza en Colombia, la realidad es que seguimos siendo un país pobre, y una de las naciones con mayores índices de desigualdad en el mundo. Esta realidad, sumada al hecho de que hay muchas personas que pueden vivir tranquilamente sin pensar en que millones de compatriotas están inmersos en una lucha diaria y cruenta para sobrevivir, es lo que me ha llevado a cuestionar el papel que cada individuo debe ejercer en nuestra sociedad frente al reto de la pobreza.

Al reflexionar por mi cuenta sobre la pobreza en Colombia, me encontré una y otra vez con los mismos interrogantes: ¿cuáles han sido las principales causas de este problema?, ¿quién o quiénes han sido los culpables?, ¿por qué, a pesar de habernos independizado hace ya más de doscientos años, no hemos podido superarla?, ¿cómo han incidido otros problemas como el conflicto armado o la propiedad de la tierra sobre esta problemática?, ¿qué iniciativas son las más eficientes para solucionar este problema?, ¿qué podemos aprender de otros países de América Latina que han sido más exitosos que nosotros mismos en el terreno social?, ¿cuáles son las condiciones necesarias para tener un programa social exitoso y de alto impacto?, ¿cuáles podrían ser las soluciones específicas y puntuales al problema de la pobreza?

Al enfrentarme a la realidad no he encontrado respuesta satisfactoria a éstos y otros interrogantes, lo cual se convirtió en la principal motivación para desarrollar este proyecto: el de entablar un diálogo con algunos de los líderes de mayor trascendencia en nuestra historia reciente con el propósito de presentar sus opiniones y poner en evidencia desde diversos puntos de vista, como el político, el académico, el económico, el social, el eclesiástico, el empresarial, el filantrópico y el intelectual, las causas y las posibles soluciones al problema de la pobreza en Colombia. Es así como en este libro presento un abanico de opiniones en torno a cuestiones que rodean el tema de la pobreza, haciendo visible la diversidad de respuestas entre los líderes de opinión que han tenido alguna incidencia sobre esta problemática en diferentes campos de acción. Sea ésta la ocasión para expresar mis profundos y sinceros agradecimientos a las siguientes personas, que dieron de su valioso tiempo para hacer posible este proyecto: Manuel José Cepeda (febrero de 2011), Pedro Gómez (febrero de 2011), Juan Lozano (marzo de 2011), Alfonso Esguerra (abril de 2011), Rudolf Hommes (agosto de 2011), Cecilia López (septiembre de 2011), Samuel Azout (septiembre de 2011), Alejandro Gaviria (octubre de 2011), Álvaro Uribe (febrero de 2012), Luis Alberto Moreno (mayo de 2012), Juan Manuel Santos (junio de 2012), César Gaviria (agosto de 2012), Andrés Pastrana (septiembre de 2012), Fernando Londoño Hoyos (marzo de 2013), padre Joaquín Sánchez (marzo de 2013), monseñor Juan Vicente Córdoba (abril de 2013) y Alfredo Sarmiento (mayo de 2013).

Después de haber tenido la oportunidad de dialogar con estos líderes sobre el tema de la pobreza, llegué a mis propias conclusiones, las cuales presento a continuación como un aporte al tema y una guía sobre el contenido de este libro.

Primera reflexión

No hay consenso ni sobre las causas ni las soluciones del problema de la pobreza en Colombia

La mayoría de los personajes que entrevisté citan diferentes causas y soluciones sobre el problema de la pobreza. Este hecho marca la diversidad de opiniones existentes y la complejidad del tema. Esta falta de consenso, aunque tiene sus aspectos positivos, también refleja la dificultad implícita en diagnosticar claramente las causas y determinar las soluciones. Se trata evidentemente de un obstáculo de importancia en el propósito de describir, de manera profunda y detallada, el problema que se abarca en esta discusión.

Desde otra perspectiva, y si bien es cierto que muchas veces los desacuerdos se pueden asociar con la creatividad, en este caso sucede exactamente lo contrario. Al realizar las entrevistas pude constatar la existencia de múltiples y profundos desacuerdos acerca de las causas y soluciones de esta problemática. Al mismo tiempo, estos desacuerdos no se traducen en la aparición y desarrollo de ideas creativas e innovadoras. Podría decirse que el pensamiento del país en esta materia no ha sufrido cambios trascendentales en los últimos tiempos. Y sin embargo, la realidad es que el país ha cambiado radicalmente. Expresado en otras palabras, el cambio de la realidad nacional es mucho más profundo y trascendental que el cambio en nuestro pensamiento acerca de esta misma realidad. De hecho, es muy difícil visualizar en los comentarios de los entrevistados un conjunto de nuevas y audaces ideas que sirvieran para identificar las causas de la pobreza en el contexto actual, por un lado, y las soluciones que encajen con la disponibilidad de recursos con que contamos hoy en día, por el otro. Por lo general, se ofrecen causas y soluciones para la problemática de la pobreza que, a la postre, vienen a ser muy apegados a lo podríamos llamar la sabiduría convencional. Así las cosas, el análisis parece por momentos propicio para los problemas de la pobreza del siglo anterior que para las realidades del momento actual.

Segunda reflexión

No hay un culpable del problema de la pobreza; todos los somos

Después de hacer todas las entrevistas consignadas en este libro, es claro para mí que es difícil encontrar un culpable o unos culpables del tema de la pobreza en Colombia. La mayoría de los entrevistados le adjudican la responsabilidad a toda la sociedad. Algunos culpan también al gobierno o a los gobiernos de turno, señalando con frecuencia el hecho de que combatir la pobreza nunca ha sido realmente una prioridad de la gestión gubernamental. Pero la mayoría admite que la pobreza no ha podido ser resuelta por cuenta de la responsabilidad conjunta de todas las personas que componemos la sociedad.

Tercera reflexión

Hemos progresado en la lucha contra la pobreza, pero el problema aún es colosal y falta mucho por hacer

Es evidente que en Colombia ha habido un gran progreso en la lucha contra la pobreza. De este hecho fundamental no puede haber la menor duda. Esta conclusión es prácticamente consensual a nivel de las personas con quienes tuve el privilegio de conversar.

Los últimos cincuenta o sesenta años marcan un sendero de progreso importante en esta materia. En tiempos más recientes, este avance se ha profundizado en forma clara y notoria. Más aún, cuando se comparan las cifras actuales con las cifras de comienzos de siglo en temas relacionados con la pobreza como el crecimiento económico, la cobertura en educación, el acceso a la vivienda, la esperanza de vida, la mortalidad infantil, el desempleo y los porcentajes de la población en condiciones de pobreza y miseria, se observa un cambio positivo notable y bases sólidas como para mirar con optimismo el presente y el futuro del país. El hecho central es que el país ha avanzado a pasos agigantados en la lucha contra la pobreza.

En otro orden de ideas, la pobreza se ha convertido en un tema principal para los gobiernos. En las entrevistas que hice, sobre todo aquellas donde se hizo énfasis en el diálogo político, se resalta el hecho de que la lucha contra la pobreza se ha convertido en un foco importante de las políticas de los gobiernos. Más allá, la realidad es que la lucha contra la pobreza se ha ido convirtiendo en un tema importante del debate político. Se trata indudablemente de un progreso en esta materia.

Dicho lo anterior, el hecho de reconocer los progresos y los avances no puede esconder la realidad apabullante de que la pobreza en Colombia sigue siendo un problema de dimensiones colosales. Se ha avanzado, es cierto, pero definitivamente falta mucho por hacer. La pobreza sigue afectando al país en múltiples aspectos y sigue siendo un tema central de la realidad nacional.

Cuarta reflexión

Las soluciones estatales y privadas al problema de la pobreza han sido, por lo general, poco efectivas

Al comentar con mis entrevistados los programas que se han establecido para luchar contra la pobreza en Colombia, pude apreciar la preocupación, casi universal, por la baja efectividad de los esfuerzos estatales tanto como aquellos de la iniciativa privada. En el punto anterior, hice referencia a los avances logrados en el país con relación a la mejoría de los índices de pobreza; lo sorprendente es que estos avances se hubieran logrado con herramientas de gestión pública y privada de tan baja eficacia.

Las soluciones desarrolladas por el Estado y por las organizaciones privadas no han sido efectivas por muchas razones. La más evidente es que las políticas estatales y las ayudas privadas se caracterizan por el asistencialismo. En particular, las soluciones basadas en los auxilios monetarios o físicos ayudan en su momento, pero carecen del rasgo de auto sostenimiento que les diera más solidez de largo plazo.

La corrupción, el clientelismo, la baja efectividad de la gestión pública colombiana, la geografía y la existencia de grupos ilegales armados como la guerrilla, los paramilitares y las bandas criminales son, todo ellos, factores que no se pueden dejar de reconocer y que condicionan el hecho de que las soluciones desarrolladas por el Estado y las organizaciones privadas no hayan sido realmente efectivas hasta el día de hoy. Lo cierto es que los sectores más vulnerables de la sociedad siguen teniendo grandes dificultades para el acceso a los programas sociales. Esta falta de efectividad sigue siendo una amenaza que no hemos podido apaciguar. Parece que estamos atrapados en un círculo vicioso en el cual diagnosticamos los problemas sin encontrar las soluciones efectivas para salir de ellos.

Quinta reflexión

En lo esencial existe una falta de voluntad política para resolver el problema de la pobreza

Al leer las entrevistas, una conclusión central es que ha faltado la suficiente voluntad política para resolver el problema de la pobreza en Colombia. Quizás se trate de una gran paradoja. Después de todo, la lucha contra la pobreza se ha convertido en uno de los temas centrales de los gobiernos. Pero aun así parece evidente, en las conversaciones con los entrevistados, que todavía falta mucha voluntad política –la suficiente, diría yo– como para resolver el problema desde su raíz.

Por demás, la gran mayoría de los entrevistados concuerda en opinar que los esfuerzos estatales han sido poco efectivos debido a la falta de voluntad política. Para los que analizan el contexto político, esta falta de voluntad está ligada al hecho de que la mayoría de los políticos representan los males que nos aquejan como sociedad. Son ellos, precisamente, los que encarnan los vicios de la corrupción, las políticas asistencialistas, el clientelismo y la inequitativa distribución de la riqueza. Y en ellos recae también la responsabilidad de que las políticas estatales no hayan sido implementadas de manera adecuada y que los resultados en materia de pobreza no hayan alcanzado su pleno potencial.

En términos generales, el debate político sobre la pobreza se caracteriza por la falta de una fecunda argumentación. Los contradictores políticos fundamentan su análisis en críticas sobre la gestión social de los diferentes gobiernos. Se hacen muchas críticas sobre el rumbo que se debió haber elegido en cuanto a las soluciones a la pobreza, las medidas que se tomaron y no se tomaron, o el desempeño gubernamental, pero no se enfatiza el análisis sobre las razones por las cuales los planteamientos son débiles desde una perspectiva social, política o económica. La polarización salta a la vista y se perfila como el principal obstáculo para que las críticas se conviertan en un pensamiento constructivo que se refleje en la voluntad política necesaria para combatir el problema de la pobreza.

Sexta reflexión

Para algunos la violencia es la causa de la pobreza, para otros es la consecuencia. Lo cierto es que la violencia es una variable fundamental y un hilo conductor del tema de la pobreza en Colombia

En Colombia, la violencia ha sido un factor que ha limitado nuestra capacidad de convivir en una sociedad más justa e igualitaria. Por esta razón, varios de los entrevistados ven en la violencia el eje central e hilo conductor del tema de la pobreza en nuestro país. Para algunos, la violencia es la causa, para otros, la consecuencia de la pobreza en Colombia. Lo cierto es que, el análisis de la violencia es esencial para entender las entrañas del tema de la pobreza en nuestra nación.

En un sentido, todos los personajes con los que hablé identifican a la violencia como causante de la pobreza. El punto evidente es que, por cuenta de los fenómenos violentos, en los cuales el país se ha visto envuelto por muchas décadas, se han dejado de invertir recursos públicos millonarios en las soluciones para resolver el problema de la pobreza. El hecho escueto es que Colombia invierte un porcentaje enorme de su producto interno bruto en temas de seguridad nacional. Como es apenas evidente, gastar o malgastar continuamente nuestra riqueza en la guerra es una barrera importante que nos limita en la lucha contra la pobreza.

Otra razón por la cual la violencia se constituye en causa de la pobreza es su impacto multidimensional sobre nuestro crecimiento económico. La violencia incide en mayor o menor medida, y tiene un efecto directo y concreto, en temas como la inversión, el desempleo, la propiedad de la tierra, la exploración petrolera, la expansión de la infraestructura y la política social. En particular, nuestro conflicto armado, existente desde hace más de sesenta años, ha limitado la inversión extranjera y la ha circunscrito a unos pocos puntos de la geografía nacional. De igual manera, la violencia ha impedido la creación de empleos y la generación de la riqueza. La violencia también ha sido un factor determinante en cuanto a la reforma rural que el país necesita para la distribución equitativa de la tierra. Al mismo tiempo, por la violencia tampoco se han podido implementar las políticas sociales ni se ha podido facilitar el acceso de los más necesitados a estas mismas. Por éstas y más razones, la violencia es considerada por los líderes de opinión que entrevisté como el obstáculo principal para tener un mayor crecimiento económico en nuestro país. Podemos concluir entonces, como lo hacen los personajes con quienes hablé, que existe una clara y directa relación causal entre violencia y pobreza en Colombia.

En otra dimensión, es claro que la violencia también es una consecuencia de la pobreza. Esta afirmación se deriva de dos argumentos que están plasmados en las ideas que se debatieron. En primer lugar, la realidad es que, por falta de oportunidades, las personas han recurrido a la ilegalidad y, por ende, a la violencia para sustentarse económicamente. Todos los diagnósticos sobre el conflicto armado en Colombia coinciden en destacar que el Estado no ha podido resolver el problema de la pobreza en Colombia, y que está notoriamente ausente en las zonas de violencia de nuestra geografía nacional.

En lo que tiene que ver con el futuro del conflicto armado, existe una gran diversidad de opiniones entre los personajes entrevistados. Algunos tienen una mirada optimista hacia adelante y creen que estamos cerca de superar el conflicto armado, un hito que marcaría un rumbo hacia la disminución de la violencia y la pobreza en nuestro país. Otros, en cambio, creen que estamos lejos de apaciguar la violencia, toda vez que el conflicto armado siempre estará a la orden del día en un país donde la desigualdad es un fenómeno tan preponderante como generalizado. Se podría decir, incluso, que este escepticismo se refleja en el pensamiento que tienen los colombianos del común. Al hablar sobre la coyuntura actual siempre hay posiciones encontradas. Unos reconocen los avances en materia de violencia y ven con optimismo el futuro; otros creen que seguimos estancados y que estamos lejos de vivir en una sociedad basada en el entendimiento y la paz. Una cosa sí es imposible de negar: mientras que la violencia siempre esté latente en la cotidianidad de nuestra vida social, los principales damnificados siempre serán los sectores que viven en condiciones de pobreza.

Séptima reflexión

La mayor parte de los entrevistados ven en la educación una solución fundamental del tema de la pobreza

La educación, como una solución fundamental para resolver la problemática de la pobreza en Colombia, es un pensamiento en común de todos los entrevistados. En un tema en donde los consensos son esquivos, los personajes que aparecen en este libro concuerdan en que la educación es la base fundamental de cualquier sociedad y la herramienta más eficaz para luchar contra la pobreza. Dicho lo anterior, lo que sigue es una discusión a fondo sobre los temas propios de la educación: cómo fortalecerla y extenderla, cómo elevar su calidad, cómo volverla relevante para las realidades de una Colombia insertada en el mundo globalizado del siglo xxi y otros temas.

En este sentido, la reforma del sistema educativo está al orden del día. Lo cierto es que la calidad de la educación en nuestro país está ligada con las deficiencias de nuestro modelo educativo, sobre todo en el sector público. Mientras que en las instituciones privadas, que atienden a las clases medias y altas, se proveen herramientas académicas para fomentar el bilingüismo, el análisis y la investigación teórica, y las expresiones culturales y artísticas; en las instituciones públicas se promueve un enfoque académico limitado, de baja calidad, y de poca relevancia para el mercado laboral. Es evidente que una persona que accede a la educación privada tiene la oportunidad de ser capacitada para competir en el mundo laboral y de desarrollar sus habilidades mentales para sobrevivir en la cotidianidad, mientras que una persona con acceso a la educación pública tiene que sobrepasar muchos obstáculos para acceder a una oportunidad laboral digna que mejore sustancialmente su condición socioeconómica y sus posibilidades de sobrevivir y progresar. Siendo así, los sectores más vulnerables de la sociedad tienen una notoria dificultad de acceso a la educación, y aun cuando logran llegar a ella, su calidad es altamente cuestionable. Este factor contribuye al círculo vicioso de la pobreza que hemos señalado antes, y que le resta fuerza al propósito de erradicar la pobreza de nuestro país.

En este contexto, deseo destacar que todos los líderes argumentan que la educación es la solución fundamental para resolver el problema de la pobreza en Colombia. Reconocen, además, que la educación es la fuerza que impulsa el desarrollo social. De tal suerte que los argumentos en favor del fortalecimiento de la educación en nuestro país son tan evidentes como abundantes. Es meridianamente visible que, con una educación de calidad para todos, son muchos los avances que se pueden lograr en materia social.

Octava reflexión

La pobreza es un obstáculo grande para el crecimiento económico y el desarrollo de Colombia

La pobreza es uno de los mayores obstáculos que tiene Colombia en el propósito de crecer económicamente y de desarrollarse como un país democrático con bases sociales, políticas, económicas y culturales bien estructuradas. Ésta es una reflexión muy importante a la que se llega después de haber leído detalladamente las entrevistas. Se puede pensar que esta afirmación tiene algo de obvio, pero la verdad es que en Colombia el debate público está centrado en el conflicto armado y la violencia, sin que exista el espacio necesario para considerar la problemática de la pobreza. En mi opinión, es necesario expandir el debate nacional. En realidad, la pobreza, el conflicto armado y la violencia son tres temas que van de la mano. En su conjunto no permiten que crezcamos económicamente para alcanzar nuestro pleno potencial. Quizás sea cierto que, si pudiéramos terminar con el conflicto armado, tendríamos un país en mejores condiciones, pero seguiríamos siendo un país con un capital humano limitado. Por todo lo anterior, es posible identificar a la pobreza como un gran obstáculo que afecta al desarrollo social y al crecimiento económico de nuestro país.

Novena reflexión

A nivel regional otros países han sido más efectivos que Colombia en luchar contra la pobreza

Confieso que me surgió, en varios momentos, un sentimiento de admiración al dialogar con los entrevistados sobre la forma como se ha combatido a la pobreza en otros países de América Latina. Se trata, pienso yo, de una admiración bien fundamentada, toda vez que algunos de nuestros vecinos regionales han desarrollado soluciones efectivas para disminuir la pobreza y elevar la calidad de vida de su población más necesitada.

Miremos los casos más sobresalientes. En Chile, como ejemplo, desde el retorno de la democracia en ese país, en 1989, los sucesivos gobiernos de la concertación tanto como de la derecha han desarrollado programas sociales que se destacan a nivel regional por su alta efectividad. Estos grandes logros de Chile, se han basado en un amplio consenso entre las distintas fuerzas políticas sobre la importancia y rumbo de la política social. A riesgo de simplificar lo que es por naturaleza complejo, me atrevo a decir que efectividad y consenso político están detrás del éxito de la estrategia antipobreza chilena.

Desde otra perspectiva, vale la pena mirar el caso de Brasil. Lo que es meritorio destacar son los logros del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en cuanto a la erradicación del hambre y la pobreza extrema. Los resultados de los dos cuatrienios de Lula fueron espectaculares en este campo. Lo que hay detrás de estos éxitos es una voluntad política de hierro y una obsesión del presidente brasilero por logar sus metas sociales. En definitiva, la clave en Brasil fue la voluntad política.

Finalmente, está el tema de México. En la administración del presidente Carlos Salinas de Gortari, de 1988 a 1994, se le dio un vuelco a la política social de ese país. El nuevo programa social del gobierno, bautizado “Oportunidades”, lo que hizo fue remplazar los subsidios directos del pasado por subsidios condicionados. Para acceder y participar en el programa, y recibir dinero contante y sonante en efectivo, los usuarios debían certificar las vacunas y visitas de control médico de sus hijos, por un lado, y sus certificados de matrícula escolar, por el otro. Nuevamente los resultados fueron espectaculares, tanto así que este tipo de programas de subsidios condicionados son, hoy por hoy, el modelo a seguir en todo el continente. Superar el asistencialismo anacrónico del pasado y satisfacer las necesidades puntuales de la población más vulnerable, han sido dos resultantes fundamentales del modelo mexicano. Detrás de este éxito está evidentemente la innovación implícita en el desarrollo de los nuevos programas de subsidios condicionados.

Mirando estos casos de éxito en el nivel regional de América Latina se van perfilando variables y conceptos que tienen enorme importancia: la efectividad en la implementación social y el consenso político del modelo chileno; la voluntad política del modelo brasilero; y los subsidios condicionados del modelo mexicano. Definitivamente son rasgos que debemos tener presentes al diseñar y mejorar los programas sociales de Colombia. Reconociendo siempre que podemos tomar de ejemplo estos rasgos, pero que nuestro país está constituido bajo ciertos paradigmas únicos.

Décima reflexión

Muchos factores hacen pensar que en un par de décadas puede resolverse el problema de la pobreza en Colombia

Después de hacer las entrevistas presentadas en este libro, tengo el pleno convencimiento de que podremos resolver el problema de la pobreza en Colombia en un futuro cercano. La mayor parte de los líderes con quienes hablé reconocen el progreso que se ha logrado en diferentes campos en la lucha contra la pobreza. Hemos logrado tener un crecimiento y una estabilidad económica muy importantes. Hemos podido avanzar en el propósito de ponerle un fin al conflicto armado y disminuir la violencia. Sabemos que tenemos que desarrollar un sistema de educación de calidad para hacer competitivo a nuestro capital humano. Somos conscientes de que debemos superar las barreras de la corrupción, el clientelismo y el asistencialismo para que las políticas sociales beneficien realmente a quienes las necesitan. Y lo más importante de todo: reconocemos que el fin de la pobreza debe ser un propósito fundamental para el Estado y la sociedad.

Esta visión optimista sobre el futuro la pude percibir en la mayoría de las entrevistas. Sin embargo, en estas mismas entrevistas se presenta una gran paradoja que es difícil de explicar. Las personas que más critican la realidad actual del país y son pesimistas en cuanto a la lucha contra la pobreza, son precisamente las mismas que piensan que la problemática de la pobreza se puede resolver en un futuro cercano. Estas personas, aunque sienten frustración y ven con escepticismo el futuro del país, creen que la pobreza es una problemática que se puede resolver en algunas décadas. Lo que me parece importante a destacar es que, los líderes de nuestro país creen que se puede cumplir con un objetivo primordial de cualquier sociedad: el acabar con la pobreza para que todos podamos vivir en igualdad de condiciones, y así podamos convertirnos en un mejor país.

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