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Vargas Lleras: el apoyo definitivo al “Sí”

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El hecho de que el Vicepresidente hubiera apoyado el Sí, pero dejando claro que tenía reparos, fue lo mejor que le pudo haber pasado al Presidente Santos. La razón es simple: poco creíble resultan aquellos que salen a apoyar a ciegas un acuerdo que, por definición, es “imperfecto”. El vice logró darle tranquilidad al “votante medio”, término acuñado por el académico Anthony Downs.

Más allá de entrar en la teoría desarrollada por este doctorado de Stanford de 1957, la cual cuenta con suposiciones que no aplican a nuestro país, lo importante es entender la base teórica. En cualquier decisión de una sociedad todos los votantes se pueden ubicar en una línea que represente el espectro de preferencias. Según Downs, los partidos buscarán llegar al votante medio para garantizar sus mayorías. 

En el caso del plebiscito, para lograr firmar el acuerdo de paz, el Presidente Santos y el equipo negociador tuvieron que ceder en temas en los que la mayoría de la población se oponía. Esto es lo que siempre ocurre en una negociación de esta naturaleza. La diferencia, en este caso, radica en que es la primera vez que será refrendada en las urnas y este tipo de cesiones pueden herir la iniciativa.

Por ejemplo, la elegibilidad de miembros de las FARC a cargos públicos sin pagar cárcel contaba con el 80% de desaprobación. El hecho de que esto no se vaya a cumplir, entre otras medidas impopulares, y de que solo el 4% de la población tenga una imagen favorable del grupo terrorista, llevó al referendo a arrancar desde el votante medio hacia un extremo, que podría denominarse el grupo del “sí” a toda costa.

Quienes desde mucho antes de cerrar las negociaciones, sin ni siquiera conocer el texto definitivo, habían apoyado ciegamente el proceso de paz- Gaviria, Roy Barreras, Benedetti, entre otros- no tenían credibilidad ante aquellos que no se encontraran en su lado extremo del espectro, el cual estaba lejos de lograr una mayoría. Se requería un validador.

En cualquier escenario político, el apoyo de un individuo de quien se relaciona con la posición opuesta es mucho más valioso que la de un copartidario. Por ejemplo, en el caso de Hillary, cuando un republicano reconocido decide no apoyar a Trump, su campaña muestra esto como un gran logro pues ayuda a acercar personas que se encuentren lejos de su nicho natural en el espectro.

En este caso, se requería alguien que por sus convicciones e historial político no se viera como un borrego más, apoyando sin conocer lo que se había pactado; un antagonista histórico de las FARC y alguien que no hubiera tomado una posición sin conocer cada detalle. 

Esa es la importancia de Vargas Lleras para el plebiscito. Aparte del mismo Presidente Uribe, ningún otro actor político tenía la capacidad y credibilidad de acercar el sí al votante medio e incluso pasar ese punto y adentrarse en quienes inicialmente estaban con el no. 

Esta credibilidad se logra solo cuando el personaje ha generado reconocimiento por defender sus principios a capa y espada. Y es ahí donde su posición crítica hacia ciertos aspectos del proceso, sin oponerse al mismo, fue tan importante para apaciguar y convencer a quienes tenían miedo y preocupación por lo pactado. 

¿A quién no le hubiera parecido sospechoso un “sí” sin reparo alguno cuando el jefe negociador había afirmado que “es el mejor acuerdo posible”, implícitamente señalando que no era perfecto? 

Las afirmaciones del Vicepresidente han sido el mayor empujón que ha tenido la campaña por el “Sí”, reafirmado por el cambio de tendencia en las encuestas. 

 

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