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La relación entre el peso colombiano y el dólar no solo es un indicador financiero: es una variable central en la dinámica del crecimiento económico del país. La tasa de cambio actúa como un termómetro que refleja la fortaleza macroeconómica, la percepción de riesgo y la confianza de los mercados. En una economía abierta como la colombiana, su comportamiento tiene efectos directos sobre la competitividad, la inversión y el bienestar de los hogares.
Cuando el peso se deprecia, los bienes nacionales se vuelven más atractivos para los compradores internacionales, lo que favorece las exportaciones. Sin embargo, ese mismo fenómeno encarece los insumos importados y puede presionar la inflación, especialmente en sectores como el energético o el manufacturero, que dependen en buena medida de bienes intermedios del exterior. Por otro lado, una apreciación del peso puede aliviar los costos de importación, pero resta competitividad a los exportadores y puede afectar la generación de empleo en sectores productivos.
El reto está en mantener un equilibrio que garantice estabilidad y previsibilidad. La política cambiaria y monetaria del Banco de la República busca precisamente suavizar las oscilaciones, apoyándose en instrumentos como la tasa de interés y la acumulación de reservas internacionales. No obstante, las condiciones externas —como los precios del petróleo, las tasas de interés en Estados Unidos o los flujos de capital global— continúan siendo factores decisivos en la trayectoria del peso colombiano.
La estabilidad del tipo de cambio es esencial para la planeación empresarial y la inversión a largo plazo. Las economías que logran mantener una relación cambiaria estable y transparente generan confianza tanto en los agentes nacionales como internacionales, reducen el riesgo de inflación importada y fortalecen la competitividad externa. En este sentido, la tasa de cambio debe entenderse como un componente articulado a una política macroeconómica integral, no como un indicador aislado.
El futuro de la economía colombiana dependerá de su capacidad para reducir la vulnerabilidad frente a los choques externos y diversificar sus fuentes de ingreso. Una estrategia de desarrollo sostenible pasa por fortalecer las exportaciones no tradicionales, atraer inversión productiva y consolidar instituciones macroeconómicas sólidas. La estabilidad del peso frente al dólar no solo es un objetivo monetario: es un reflejo de la confianza en la economía y de la madurez de sus políticas públicas.
En el escenario económico parte de un punto crítico, pero ahí es donde está su potencial: energía, minerales, posición geográfica y un joven capital humano y laboral obligado a migrar, es su gran oportunidad
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