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Trump y el dólar

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Las erráticas acciones de Trump han hecho que cada país intente predecir cómo estas los afectará en los próximos años. Colombia no es la excepción puesto que la consecuencia principal en materia económica estará relacionada con el comportamiento del dólar. 

A pesar de que el primer mandatario está haciendo anuncios tratando de devaluar la moneda, sus promesas de campaña apuntan en sentido opuesto. Por ahora va ganando la manipulación artificial pues el dólar vivió su peor enero en décadas con una marcada caída. 

En este caso me refiero a que Trump, al igual que Munchin, secretario del Tesoro, ha dicho que EE.UU. regularmente no hace nada para devaluar y queda a merced de aquellos que sí lo hacen para mejorar su competitividad a través de las exportaciones. El presidente ha calificado esta como una posición “tonta” insinuando que buscarán devaluar.

Tras estas declaraciones y la decisión de la Reserva Federal de no subir las tasas de interés ni dar indicios que lo haría en el futuro, el mercado percibió un debilitamiento de la moneda americana. El problema es que si Trump cumple con los anuncios hechos en campaña, estos llevarían a un efecto contrario de revaluación del dólar: 

Primero, el paquete de estímulos fiscales, que tanto ha prometido Trump, haría que se reduzcan los impuestos, se incremente el gasto y crezca el déficit fiscal, lo que llevaría, eventualmente, a un aumento de las tasas de interés para hacerle contrapeso a la inflación. Esto, a su vez, produciría un dólar más fuerte.

Segundo, anuncios como los hechos por el Secretario de Comercio sobre la renegociación del Nafta han hecho temblar las monedas de México y Canadá y han revaluado el dólar.

Tercero, la noticia del impuesto para productos mexicanos -dinero con el cual planea construir su emblemático muro-  también llevaría a la revaluación. En un interesante artículo sobre el tema, profesores de Harvard argumentan que un impuesto de este tipo, de la mano de una reducción en los impuestos domésticos, llevaría a una fuerte revaluación.

Según ellos, esta medida no funcionaría pues esta clase de mecanismos son útiles en zonas de moneda común, como la Unión Europea o con tasas de cambio fijas. Fue Keynes quien primero propuso usar este tipo de alternativas fiscales para lograr mejores condiciones en el comercio exterior. Sin embargo, al no tener EE.UU. una tasa de cambio fija, ni pertenecer a una unión monetaria, lo único que va a lograr es revaluar la moneda.

Las declaraciones del gobierno norteamericano buscan devaluar artificialmente el dólar y hacerle creer al mercado que va a tomar las medidas para que esto ocurra. No obstante, si cumple con lo prometido, la moneda  no tendrá otro remedio que revaluarse. Existe una última posibilidad remota, pero con Trump todo es posible. Esta sería que cumpla las promesas de campaña, fortaleciendo el dólar pero simultáneamente tome medidas arbitrarias e insostenibles en el largo plazo. 

Por ejemplo, podría postular a las dos vacantes actuales y a las adicionales que pronto se darán de la Reserva Federal a miembros que consideren que a pesar de la inflación se mantengan bajas tasas de interés. También, podría implementar control de capital que limiten el ingreso de recursos que estén detrás de un fuerte dólar. 

La incertidumbre es total. Si para Trump su gran prioridad es devaluar el dólar, necesariamente tendrá que incumplir muchas de sus propuestas en materia económica o tomar medidas drásticas e insostenibles en el largo plazo. De lo contrario, el resultado, a pesar de sus declaraciones, será el opuesto.

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