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Ministro, lidere usted el debate

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Pasó desapercibida la reciente declaración del Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sobre la necesidad de discutir el impuesto a las bebidas azucaradas. Según él, “el país está maduro para asumir este debate pensando en el bienestar de la gente”. 

Aunque este tema pueda parecer de interés únicamente para el gremio, el hecho de que las consecuencias negativas del consumo de azúcar le pueda costar al país entre el 0,5% y 1% del PIB anual, lo convierte en un asunto de interés nacional. 

El consumo de azúcar per cápita a nivel mundial se ha multiplicado por cinco en el último siglo. Este cambio en la dieta es el principal responsable de que la diabetes 2 y la obesidad sean hoy reconocidas como una epidemia por la Organización Mundial de Salud (OMS). 

Las cifras son aterradoras. En Colombia la prevalencia de sobrepeso u obesidad ha aumentado 25,9% en el último quinquenio. La obesidad infantil está relacionada con la obesidad y la diabetes en adultos, por lo cual se estima que el 18% de los adultos en economías avanzadas son obesos y el 9% sufre de diabetes. 

Estas enfermedades pueden afectar la economía de un país por las siguientes razones: primero, altos gastos en atención médica. Segundo, reducción en la productividad de aquellas personas que la sufren. Estos dos factores pueden tomar dimensiones astronómicas pues, según un estudio desarrollado por Morgan Stanley, en los próximos 20 años un país como Chile perdería el 30% de su PIB acumulado si mantiene la tasa actual de consumo de azúcar. 

Dadas las graves consecuencias, uno se pregunta ¿Por qué hay tantas personas que consumen azúcar en exceso? 

La principal razón es que muchos no sabemos qué es lo que nos estamos comiendo ya sea por desconocimiento o por las campañas engañosas de mercadeo. Por ejemplo, una investigación encontró que solo entre el 6% y el 8% de los participantes en el estudio, lograron identificar los alimentos con mayor contenido de azúcar. 

Otro motivo es la altísima inversión en publicidad que hacen las grandes multinacionales de alimentos y bebidas para hacer ver atractivos sus productos. Competir con la publicidad, tanto engañosa como glamurosa, de estas empresas es casi imposible. 

Existen ya propuestas que se enfocan en limitar la venta de ciertos productos. El caso emblemático fue la prohibición de la venta de bebidas azucaradas en empaques “yumbo”. La dificultad con este tipo de iniciativas es que afectan unos productos específicos, por ejemplo las bebidas, ignorando que la problemática abarca muchísimos más.  

Para muchos se requiere una combinación de estrategias educativas y cargas impositivas. Entre estas voces se encuentra la de Kenneth Rogoff, profesor de economía de Harvard. Para él la solución es un impuesto a todos los productos procesados que contengan azúcar. Incluso, también aplicaría para los  restaurantes de cadena en los cuales estos sean vendidos. 

Inicialmente, este impuesto sería de una misma tasa para todos los productos pues discriminarlo lo haría políticamente inviable. Adicionalmente, la tasa debe ser superior al 20% pues, según la OMS, una cifra menor no tendría el impacto deseado. En Colombia, un impuesto de este tipo generaría alrededor de $2 billones anuales. 

Esta medida lograría incrementar el precio del producto reduciendo su consumo y, simultáneamente, generaría ingresos que se podrían destinar a la educación de los colombianos.  Estas son tan solo algunas posibilidades. 

Insto al Ministro Gaviria a que lidere este debate, pues está en juego la salud de cientos de miles de personas y el crecimiento económico del país.

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