Analistas

Los nórdicos lo hacen mejor

En Colombia, cuando alguien sueña con un país mejor y propone ideas que se aplican en otras partes del mundo, no falta aquel de mentalidad subdesarrollada que dice: “vivimos en Cundinamarca, no en Dinamarca”. En términos de equidad y oportunidades, los países nórdicos son modelos a seguir. No obstante, en vez de darnos por vencidos, deberíamos  entender y replicar el camino que tomaron esas naciones para llegar a donde están hoy. En un interesante relato, Walter Scheidel habla de estos orígenes que comienzan sobre cómo el Estado de bienestar surgió a raíz de las guerras mundiales y la gran depresión. Los daños causados, de la mano de la crisis financiera de esa época, reorientaron a esos países pues se requería un modelo que favoreciera a los más necesitados. 

Suecia, emblemático por sus bajos índices de desigualdad, al final de la Primera Guerra Mundial, estableció ante la catástrofe el primer gobierno socialdemócrata y decretó los primeros impuestos progresivos. Cuando el nazismo empezó a presionar, el gasto militar se incrementó y para compensarlo, los tributos subieron súbitamente. La amplia participación ciudadana en el ejército desató una solidaridad generalizada. 

Como afirma el experto John Gilmour, “la experiencia de una masiva conscripción… permitió el desarrollo de los ideales de nivelación social… Suecia logró los beneficios sociales de la guerra sin sufrir las mismas pérdidas que naciones ocupadas”. Esto llevó a la formación del “ideal de una sociedad solidaria sostenida por un Estado de bienestar”, según Scheidel.

El gasto público se disparó al doble de lo que era antes de la guerra. Se buscaba recuperar el país.  Estas fueron las bases de la sociedad más equitativa del mundo. Hoy, a pesar de ser reducido en años recientes y la desigualdad ha empeorado, el gasto público sigue siendo el 51% de su PIB. Allí, la estructura tributaria disminuyó el coeficiente Gini -el cual mide la desigualdad- de 0,37, antes de impuestos, a 0,24. Esto contrasta con Colombia donde el efecto tributario reduce muy poco este indicador, que actualmente alcanza el vergonzante 0,53.

Además, de acuerdo con la Ocde, la inversión en educación y primera infancia de Suecia permite que el 70% de los niños y niñas del quintil más pobre esté vinculado a esquemas públicos de enseñanza. Una vez se aplican todos estos servicios sociales el Gini baja a 0,18. El Estado es el mayor generador de equidad. Otro elemento primordial es la capacidad de los sindicatos de influir en el salario que se les paga a los trabajadores suecos. 

Un factor decisivo es que el bienestar se interpreta como capacidades, algo que el Nobel de economía Amartya Sen formalizó, y que contrasta con la noción de que lo importante son los ingresos. La garantía de capacidades permite perseguir las metas que cada cual se proponga.

Estas son lecciones que debemos aprender en Colombia. Necesitamos un sistema tributario redistributivo en contraste a la última Reforma Tributaria. Adicionalmente, urge desarrollar un modelo de sindicatos que evite los abusos que se cometen y que le permita al trabajador ser escuchado. Por último, tenemos que cambiar la actitud. Deberíamos aprovechar las décadas de violencia para generar esa “sociedad solidaria” que surgió en Suecia luego de la Gran Guerra. Infortunadamente, el terrorismo en vez de unirnos nos divide constantemente como se vio en las redes sociales tras el atentado del Andino. El modelo a seguir es claro pero se requiere voluntad.