Analistas

Lean el acuerdo ¡no sean irresponsables!

El anuncio de un acuerdo final entre el gobierno y las Farc, esta semana, pone en manos de los ciudadanos una de las decisiones más importantes de la historia colombiana. A pesar de esto, pareciera que la mayoría de las personas están afrontando el plebiscito que se avecina con la misma desfachatez con la que acuden a las urnas para elegir a sus políticos ¿Es demasiado pedir que lean lo que van a votar?

Me molesta aquellos que se quejan de los políticos y no votan o, incluso peor, quienes votan sin haber leído los planes programáticos de sus candidatos o sus hojas de vida. Estoy convencido de que hacer esto es un acto de irresponsabilidad y una de las principales razones por la que existe tanta desilusión frente a nuestra clase política. 

Ya viene el plebiscito y todos tendremos una inclinación natural hacia el “SÍ” o el “NO”, pero pronunciarse sin leer el acuerdo final es insensato. En promedio, un colombiano lee un libro al año; que en este 2016 sean las 297 páginas del documento.

Desde hace meses, veo personas haciendo campaña hacía el uno o el otro, desconociendo que “nada está acordado hasta que todo esté acordado” y que “el diablo está en los detalles”.

Frente a lo primero, el acuerdo debe examinarse de manera integral y no por pedazos. Respecto a lo segundo, conocer solo los temas “gruesos” es ignorar que son sus abundantes numerales y sus frases cortas los que, en la práctica, determinarán lo que realmente va a ocurrir en nuestro país en la etapa de posacuerdo. 

Toda sociedad moderna busca la paz. De eso estoy seguro. Como lo ha demostrado el profesor de Harvard Steven Pinker, cada vez existe menos violencia en el mundo debido a este anhelo común. Estoy convencido que en Colombia todos queremos la paz. La discusión se centra entonces alrededor de cuál es la mejor forma de llegar a ella.

Desafortunadamente, el ambiente está tan polarizado que en nombre de la paz se está satanizando a aquel que no piense igual y abunda la agresión en redes sociales, de parte de ambos bandos. Lo más triste es que, con toda seguridad, proviene de colombianos que no han leído el acuerdo.

Al contar con el texto final disponible, es nuestro deber ciudadano estudiarlo, discutirlo y llegar a una conclusión educada. Quien lo quiera hacer bien, debe partir de la base de que todo proceso de paz busca resarcir a las víctimas y garantizar la no repetición de la violencia que se pretende acabar. 

Todos en Colombia nos sentimos víctimas. Pero la realidad es que a muchas personas les ha tocado vivir la guerra más de cerca y atestiguar su crueldad y deshumanización que a otras. Violaciones, mutilaciones y reclutamiento de menores son algunos de los crímenes a los que hemos estado sometidos por años. Sus víctimas directas deben estar en el centro de este acuerdo.

Si se pasa este examen, el segundo paso es certificar que las medidas que se están tomando asegurarán que los violentos no vuelvan a delinquir. Esto requiere reconocer las posiciones de poder que se les están dando y definir cuál es el nivel de impunidad aceptable para que no se cruce el límite que nos enseña que aquel que delinque no sufre consecuencias.

Posteriormente, debemos analizar todos los puntos que consideramos importantes y debatir los argumentos y contrargumentos, sin sesgarnos respecto a la posición inicial. Solo si los colombianos votamos a conciencia podremos garantizar que el 2 de octubre será una verdadera celebración por la paz.

Por mi parte, haré lo mismo y la próxima semana les contaré mi conclusión. Feliz estudio.