Analistas

Evasión y cárcel

Nunca olvidaré que hace catorce años, en un foro con empresarios en Cartagena, Bill Clinton quedó totalmente sorprendido de que no hubiera cárcel para los evasores de impuestos en Colombia. En su momento, el entonces presidente de Estados Unidos instó a los asistentes a que fueran ellos mismos quienes presionaran en aras de lograr este cambio.

Quince años después, nada ha cambiado. La evasión es el mayor problema tributario de nuestro país. Esta semana, el Ministro presentó -una vez más- una reforma tributaria que busca ajusticiar a los que evadan. 

Pienso que es una medida necesaria siempre y cuando esté acompañada de una reestructuración de fondo de la justicia y de la Dian. Para que el Congreso apruebe esta propuesta, el incremento del recaudo debería financiar una reforma estructural a la justicia que la descongestione, la despolitice y la profesionalice. De nada sirve la sola amenaza si esta no se va a cumplir o, peor aún, si se convierte en un instrumento para presionar o amedrentar.

Además, la Dian, permeada por la corrupción interna, tal como lo denunció en su momento su exdirector Juan Ricardo Ortega, no está en capacidad de lograr efectivamente dicho propósito. 

En Estados Unidos también es común el adagio popular que dice: “lo único seguro en la vida es la muerte y los impuestos”. Gracias a su eficiente gestión, el temido IRS ha generado un imaginario respecto a que quien no tributa, de seguro, lo van a descubrir. 

El riesgo de terminar preso produce un importante efecto disuasorio que, en términos económicos, incrementa el “costo” de evadir, lo cual disminuye la cantidad de quienes lo hacen. Pero, para que eso suceda, la percepción de la probabilidad de ser descubierto debe ser alta.

Lo paradójico es que en EE. UU. la idea de que los tributos pueden conllevar a la privación de la libertad es tan poderosa que se sobrepone a la realidad. La mayoría de evasores terminan en procesos civiles que no implican cárcel. Pocos son efectivamente penados. Según el profesor de impuestos de NYU, Daniel Shaviro, la percepción de probabilidad de ser procesado es más alta que lo real.

En parte esto se da por que el IRS tiene una altísima tasa de convicción cuando decide llevar un caso a la corte, lo cual lo hace aún más temible. Esto reafirma la impresionante capacidad técnica de esa entidad, pues debe demostrar que el investigado actuó de mala fe y que tuvo la intención de evadir. 

La combinación de amenaza de cárcel con una entidad eficiente y justa, lleva a que la percepción de probabilidad de ser descubierto -y por ende el “costo” estimado de evadir- sea mayor al que realmente es. La verdad es que Colombia está lejos de tener esta capacidad para  perseguir a los grandes evasores. 

Siempre he sido crítico de quienes tienen mentalidad de país pobre y descartan este tipo de medidas por el hecho de que “no estamos preparados”. Debemos dar el primer paso para penalizar esta actividad que tanto daño le hace a la sociedad, y simultáneamente aprovechar el incremento en el recaudo con el propósito de financiar acciones para que esta sea una política exitosa. 

Es evidente que una propuesta de este tipo, como la que requiere nuestro país, no es la que presentó el Ministro de Hacienda. Si el Congreso logra modificar estos aspectos y hacer una reforma realmente “estructural”, sería un hecho histórico que nos encaminaría a lograr un sistema tributario justo y eficiente. 

La probabilidad de que eso pase en dos meses es casi nula, por lo cual vaticino que esta propuesta no pasará de ser un show mediático.