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El salario mínimo de Trump

La semana pasada, Trump dijo que era imposible vivir con el actual salario mínimo federal en Estados Unidos, que es de U$7,25 por hora. Tiene razón. A pesar de que la próxima semana pueda volver a cambiar de posición, el republicano, en su afán de atraer votantes, reflexionó sobre una situación que es aún más dramática en Colombia.

Para ilustrar, en nuestro país quien trabaje las 48 horas semanales legales y gane el salario mínimo que es de $689.454, estaría recibiendo alrededor de $3.600 por hora, es decir, US$1,3 , lo cual es realmente una miseria.

A diferencia de los desempleados o los trabajadores informales (otra discusión que merece su propia columna), 55% de los Colombianos que devengan el salario mínimo hacen parte del mecanismo creado por el estado para garantizar una capacidad adquisitiva básica, con el fin de vivir dignamente.

En 1938, Franklin Roosevelt dio la pelea para instaurar un salario mínimo en Estados Unidos. En ese entonces dijo: “las empresas cuya existencia dependa en pagarle sueldos a sus trabajadores que sean menores a los necesarios para ellos vivir, no tienen ningún derecho a continuar en este país”.

Colombia siguió el ejemplo y en 1945 estableció el primer salario mínimo, el cual podía modificarse por decreto y estaba diferenciado por actividad económica y región. En 1983 se oficializó un mismo monto independiente de las labores o ubicación geográfica.

La circunstancias de aquellas épocas han cambiado y no se pueden comparar; sin embargo, sigue existiendo la obligación moral de cuestionar si el salario mínimo podría ser mejor. En Estados Unidos este punto unió al socialista Bernie Sanders y al Capitalista Trump, pues ambos proponen incrementarlo.

Los opositores a estas medidas argumentan que mejorarlo incrementaría el  desempleo. Estudios económicos han demostrado que este tipo de impacto es nulo.

Krueger y Card investigaron el efecto de un alza en el salario mínimo en restaurantes de comida rápida en el estado de Nueva Jersey, usando al vecino estado de Pennsylvania como grupo de control. Encontraron que al subir el sueldo, el desempleo no se redujo. Adicionalmente, en las últimas décadas se hicieron metanálisis que examinaron decenas de estudios para ver la correlación entre estos, y llegaron a la misma conclusión. 

Por el contrario, el incremento en el salario mejora la productividad ya que la tasa de cambio de personas en el trabajo se reduce pues los empleados duran más, se especializan y son más eficientes. Además, al tener un salario alto aumenta la oferta de personas que antes no consideraban laborar; por ejemplo, las amas de casa.

Otro argumento citado es que este tipo de medidas disparan la inflación. Así, los más necesitados reciben un mayor pago pero tienen baja capacidad adquisitiva. Aunque esta relación sí existe, el alza en los precios es menor a la del salario a favor del trabajador quien, a su vez, al tener mayor capacidad de gasto estimula la economía.

En Estados Unidos, se han realizado varios referendos para aumentar el salario mínimo local en los estados los cuales han sido aprobados. 

En Colombia, por el contrario, el incremento para este año fue casi el mismo que la inflación general y menor que la inflación de alimentos. La última vez que se dio un debate nacional al respecto no fue por el monto a aumentar, sino por la propuesta del exministro Carrasquilla de reducirlo. Un sin sentido. 

Aunque nunca pensé que lo diría, Trump abrió un debate necesario en su país, que también debería darse en Colombia.