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El arte del “storytelling”

Hace algunos días, en una conversación con un alto directivo de El Tiempo sobre cómo sobrevive un periódico en la era digital, me dijo que la única manera era publicando artículos de muy alta calidad desde el “storytelling”. A pesar de ser una de las prácticas más antiguas de la humanidad, pocos  la dominan.

Tanto en los discursos y las presentaciones, como en la escritura, el “storytelling” se ha vuelto una parte indispensable de la comunicación. Nuestro cerebro tiene una estructura tal que al oír o leer una historia, nos estimula y nos acelera el corazón. Nos gusta, nos entretiene y nos da curiosidad saber qué va a pasar. 

Según Robert McKee, autor de un “best seller” sobre el tema, las historias “satisfacen una necesidad humana profunda de comprender los patrones de vida. No solo como ejercicios intelectuales, sino dentro de una experiencia muy personal y emocional”.

Adicionalmente, es evidente que una idea, por buena que sea, sino logra ser transmitida está muerta. Pero, hacer que dicho pensamiento se difunda de forma racional e inspire, no puede ser producto de estadísticas y argumentos lógicos. Se les debe mover el corazón, para que actúen. Por eso es necesario contar historias.

Lo más importante es seleccionar aquella que se va a compartir. De acuerdo con McKee, al inicio se debe preguntar ¿qué desea el protagonista para poder volver al punto de equilibrio de su vida? ¿qué esta impidiendo que logre lo que desea? ¿miedo? ¿confusión? ¿la naturaleza? Una vez esto esté claro se debe preguntar ¿cómo podría mi protagonista decidir actuar para sobreponerse? Al responder estas preguntas es que se descubre la verdad del personaje.

Es fundamental mostrar su vulnerabilidad y cómo logra sacar fuerza, de donde parecía que no había, para sobreponerse. Este punto es crítico puesto que no exhibir la faceta de debilidad inmediatamente lleva a la audiencia a perder el interés ya que podría percibirse como falta de autenticidad. 

Para muchos, la parte más difícil la tienen quienes están en posiciones de poder pues es preocupante que pierdan autoridad si reconocen sus errores y sus debilidades. El ser humano tiende a no “tragar entero” y si este elemento no está presente, sabrán que todo es un montaje. Por eso, escoger hechos vividos, que nos han puesto en situaciones difíciles, hace que sea más creíble. Con esto, ya determinado se desarrolla la historia.

Por lo general, la estructura tiende a ser la misma. Según la experta Nancy Duarte, el proceso es el siguiente: un personaje en una situación tranquila y cotidiana se encuentra con un reto o dificultad. Esto lo llama a la aventura. Aunque es escéptico frente al desafío, aparece un “mentor” que le da el ánimo para afrontarlo. Este puede ser la fuerza interior, una persona o una circunstancia. Se afronta el reto y se supera la dificultad.

De igual manera, otra forma de ver la estructura es a través del triángulo de Freytag que divide la historia en cinco actos. Primero, el momento inicial. Segundo, la complicación. Tercero, el clímax. Cuarto, se reversa la situación, y Quinto, se vuelve a un equilibrio. Desde las obras de Shakespeare hasta los grandes discursos de la historia e incluso las películas de Hollywood mantiene esta trama. 

Siguiendo estos pasos, aplicando las estructuras mencionadas y con mucha práctica se puede llegar a desarrollar el milenario arte del “storytelling”.