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Caño Cristales: el riesgo es que te quieras quedar

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La Macarena Meta, hogar del reconocido Caño Cristales, ha creado un modelo de desarrollo turístico-comunitario único en Colombia. Los lugareños, históricamente agobiados por la violencia, han liderado el proceso. Tras empezar con 35 familias, hoy suman 400, las cuales se distribuyen la torta del turismo de manera equitativa. 

La Macarena no es un municipio cualquiera. Durante años fue la casa del Mono Jojoy e hizo parte de la zona de despeje. Quizás el abandono institucional generó en esa comunidad una capacidad de resilencia que evidencié personalmente.   

Hoy Caño Cristales es totalmente seguro; pero, en el imaginario de los colombianos sigue siendo un destino peligroso. El cambio en las condiciones ha generado un incremento de visitantes, siendo  uno de los sitios con mayor potencial turístico del mundo. Paradójicamente, la poca afluencia turística hizo posible la consolidación del modelo. Henry Quevedo, presidente del Consejo de Turismo, me expresó que frente al potencial que existía y lo poco que se explotaba “ellos se motivaron a defender la oportunidad”. 

A lo que se refiere es a una estrategia para vincular el mayor número de familias al modelo antes de que llegaran las grandes cadenas. La meta era garantizar la capacidad de movilización social para defenderlo. Con las 400 familias actuales ello es posible.

Al preguntarle qué harían ellos si una cadena monta un hotel sin tener en cuenta a la comunidad, sin tapujos me respondió que armarían una manifestación. Serían cientos de familias defendiendo lo que consideran que les pertenece. 

Como economista, convencido de que en sectores sin fallas de mercado- como el del turismo- la competencia generada por el libre mercado lleva a mejor calidad y precios justos, esto prende las alarmas. No obstante, en este caso, a nivel local quien quiera puede desplegar su propio emprendimiento. 

El modelo como tal funciona a través de nueve asociaciones que agrupan operadores, guías turísticos, restaurantes, hoteles y lanchas, entre otros. Cualquier ciudadano puede montar un negocio y asociarse. Como Caño Cristales tiene un cupo limitado de visitantes, la capacidad de explotación en cada uno de los sectores se distribuye de manera equitativa.

Por ejemplo, existen ocho operadores asociados y doscientos cupos diarios para ingresar al caño, en consecuencia, a cada uno le corresponde treinta y dos, pero si entra otro los cupos disminuirían a veintisiete.

Lo mismo sucede en las otras asociaciones. Los operadores garantizan que cada uno de los hoteles y restaurantes reciban un número equitativo de visitantes y que los guías, las camionetas y las lanchas sean utilizados el mismo número de veces para garantizar equidad y que los recursos se queden allí.

La gran incógnita que surge es ¿si tienen asegurada la demanda cómo pueden garantizar la calidad? La clave es la presión social. En la Macarena saben que si no hay calidad, los turistas demandarán otros servicios abriendo la puerta a cadenas foráneas. Por ende, ellos se esfuerzan por prestar el mejor servicio. 

Esta estrategia es similar a la utilizada por Yunus para lograr mayores tasas de pago condicionando futuros créditos a que todos los miembros de un grupo cumplan con sus obligaciones.  

En papel el modelo suena idealista. No obstante, tras observar el desarrollo local, evidenciar el sentido de comunidad y vivir el gran nivel de calidad, puedo afirmar que en la práctica funciona y genera desarrollo con equidad.  

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