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El último yerro de Yerry

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Podemos pedirle a Yerry que les meta a sus contratos la misma cabeza que a sus goles

Yerry Mina (24 años) es un jugador de fútbol famoso porque mete goles de cabeza con la Selección Colombia y porque fue el segundo colombiano que llegó al Fútbol Club Barcelona. No importa que no hubiera superado las expectativas del equipo y después lo vendieran al Everton, difícilmente alguien superará el show de su presentación en el Camp Nou.

Como se hace con un diamante en bruto, los medios de comunicación y los patrocinadores han sabido cortarlo y pulirlo a la medida de sus necesidades. Para que la máquina registradora funcione no hace falta ser una superestrella, ni siquiera jugar con regularidad. Solo basta que lo llamen a la Selección y que consiga patrocinios.

Por eso tampoco importa que desde que llegó al Everton, Yerry viva lesionado, su entrenador Marco Silva lo regañe vía rueda de prensa o que hasta la prensa inglesa lo catalogue como una de las peores contrataciones de la Premier League.

A pesar de la mala hora, Yerry es un bendecido y afortunado, sin ironías mediantes. Hace comerciales para bebidas hidratantes y ahora es la imagen de una casa de apuestas deportivas en línea llamada BetJuego. Es en este punto en el que radica la última gran mala decisión del guacheneceño bailarín.

Yerry aparece cándidamente en comerciales y contenidos de redes sociales promoviendo a la mencionada empresa de apuestas, ignorando por completo que dicha práctica está prohibida y es penalizada por The Football Association (FA), el órgano de gobierno del fútbol inglés.

En la sección E (8-3) del reglamento de la asociación inglesa, sobre malas conductas y apuestas, el organismo dice lo siguiente: “No está permitido, al actuar a título personal, publicitar o promover cualquier actividad de apuestas relacionadas con el fútbol”. Y esta norma para los jugadores opera hacia contactos, apuestas o empresas en todo el mundo.

Es más, la FA dice que cualquier violación al reglamento acarreará un llamado a rendir descargos y si el infractor es hallado culpable podría ser sancionado, multado y, en algunas instancias muy graves, vetado de por vida en el fútbol inglés. Difícilmente a Yerry le imputarían amaño de partidos, traspaso de información privilegiada o apuestas por interpuesta persona, pero esta pifia digna de la ambición y mala asesoría podría costarle más problemas de los que ha afrontado en su corto y no tan buen periplo europeo.

El año pasado, cuando aún jugaba en el Manchester United, Zlatan Ibrahimovic tuvo que cancelar a las carreras el lanzamiento de un patrocinio similar al de Yerry, sólo pudiendo formalizarlo cuando salió de la Premier. O por ejemplo, en un caso más cercano, el tenista colombiano Robert Farah fue sancionado en 2018 con US$5.000 de multa y tres meses de suspensión (que al final le fue perdonada) debido a un tweet en el que publicitaba una casa de apuestas.

Estos conflictos de intereses pululan en todos los deportes y latitudes. Por eso los operadores colombianos empezaron a recurrir a exfutbolistas, comentaristas de fútbol y demás figuras validadoras ajenas a las actividades directamente implicadas en las apuestas. Así las cosas, lo único que podemos pedirle a Yerry es que les meta a sus contratos la misma cabeza que a sus goles con la Selección.

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