MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
En un entorno internacional marcado por la multipolaridad, el Cidob Report #13 de marzo de este año analiza la compleja evolución de las relaciones entre la Unión Europea (UE) y el sujeto político denominado Sur Global. Los autores evidencian la pérdida de influencia de Occidente, lo que obliga a Bruselas a buscar una autonomía estratégica frente a la relevante competencia que se da entre EE.UU. y China.
Destacan que los países del Sur Global ya no aceptan alineamientos automáticos, sino que practican un multialineamiento para defender su soberanía y diversificar sus alianzas económicas, situación que ha forzado a la UE a abandonar su enfoque transaccional y reconocer la agencia política de estas regiones para construir vínculos más simétricos y creíbles.
Para esta construcción, la UE debe realizar un cambio profundo en su aproximación, pasando de una lógica de donante-receptor o de imposición normativa a una de colaboración estratégica y respeto a la agencia ajena. Su credibilidad está seriamente dañada por la percepción de que aplica sus valores de forma selectiva.
La UE no puede seguir aplicando los principios de derechos humanos y derecho internacional de manera desigual: el contraste entre las respuestas a los conflictos en Ucrania y Gaza es vergonzoso. Adicionalmente, para terminar de revertir las críticas de doble moral, debe distanciarse de los intereses de EE.UU., demostrando autonomía estratégica y evitando ser percibida como un actor subordinado a Washington. Su relacionamiento con las regiones del Sur Global no puede seguir priorizando -sin uniformidad- la contención migratoria y la seguridad inmediata por encima del compromiso democrático a largo plazo.
Para que las relaciones sean simétricas, la UE debe abandonar las lógicas extractivistas y las políticas unilaterales: los estándares europeos de carácter climático se perciben como “proteccionismo verde”, pues no han querido explorar diálogos previos. Iniciativas como el Global Gateway deben centrarse en las necesidades reales del socio y generar valor añadido en origen: por ejemplo, al extraer minerales críticos, ayudar a desarrollar industrias locales. Adicionalmente, los acuerdos comerciales deben obedecer al interés mutuo: los países del Sur Global ya no eligen bandos, practican el multialineamiento para defender sus propios intereses. De hecho, no es un Sur monolítico: requiere enfoques diferenciados por regiones. Se trata de respeto a la soberanía con asociaciones flexibles.
Para ser un socio creíble, la UE debe pasar de ser un obstáculo a ser un facilitador del cambio en la gobernanza global. Los países del Sur buscan -con razón- más peso y representación en el FMI y el Banco Mundial, de ahí la necesidad de reformar Bretton Woods. Se espera un liderazgo de la UE en este sentido que apoye la presencia estructurada de actores regionales en la gobernanza mundial.
Así, la UE -si quiere ser alternativa pragmática y confiable- depende de la construcción de vínculos que respeten la voluntad y la autonomía del Sur Global, con resultados tangibles más allá de la retórica. Si bien el Global Gateway es el principal instrumento de la UE para competir geopolíticamente y ofrecer una alternativa de inversión al Sur Global, su rol en la construcción de una nueva simetría es percibido como ambivalente y enfrenta críticas significativas.
Singapur se construyó sobre la competencia. Colombia ha tenido buenos servidores públicos, pero el gobierno saliente debilitó ese principio