.
Analistas 15/04/2021

Socorro Real

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.

Mientras la BBC tuvo que abrir un correo electrónico para recibir quejas virtuales por el excesivo cubrimiento que recibiera la muerte de Felipe, príncipe de Edimburgo, y los elogios hacia su figura, estos vienen brindando una tregua al inquilino del 10 de Downing Street. El fallecimiento del esposo de Isabel II, brindó la oportunidad al gobierno británico de exaltar los valores y la unidad nacional del Reino.

Socorro oportuno en medio de las violentas protestas en Irlanda del Norte que, por su parte, obliga a Nicola Sturgeon, ministra principal del Gobierno Autónomo escocés, a suspender la tensión política y preelectoral para rendir duelo al príncipe consorte que, además, distrae a aquellos que venían inundando las calles por el debate sobre el racismo y la inoportuna nueva ley de seguridad.

Como si se tratará de una crónica de una violencia anunciada, al cumplirse el primer trimestre de un Reino “Unido” por fuera de la Unión Europea, en Londonderry y en zonas unionistas de Belfast y sus alrededores, estallaron incidentes que reviven los fantasmas del conflicto entre republicanos católicos y unionistas protestantes, que se saldó con 3.500 muertos en tres décadas. La obsesión de los conservadores por concretar el Brexit, como tantas veces lo señalamos, olvidaba las dificultades para firmar el acuerdo de paz de 1998 que, entre otras, eliminó la frontera entre la provincia británica y la vecina República de Irlanda. La salida del Reino Unido de la UE, necesariamente introdujo controles aduaneros alternativos que conspirarían contra el difícil equilibrio de los últimos treinta años.

También en contra del Brexit, una Escocia que mayoritariamente se marcó a favor del Remain, bajo el liderazgo del Partido Nacional Escocés, promueve un nuevo referéndum independentista que esta presionando cada día más la relación con Londres y, por su parte, Extinction Rebellion con su levantamiento pacífico de abril de 2019, que reivindica respuestas efectivas frente a la amenaza del cambio climático, y que se especializó en “manifestaciones estáticas”, desafió la paciencia de las fuerzas de seguridad, llevando al oportuno Boris Johnson a promover una nueva ley que permitirá a la policía imponer hora de inicio y de término a las manifestaciones, establecer límites al ruido y aplicar las medidas incluso a una sola persona que proteste en la calle, imponiendo -a los que se nieguen a obedecer- multas hasta 2.900 euros.

Mientras el gobierno británico diseñaba su ley de seguridad, el clima social sumaba tensiones, por un lado, el movimiento Black Lives Matter arribó con fuerza derribando en Bristol, como un primer hito, la estatua del comerciante de esclavos Edward Colston y, por el otro, muchos se revelaban contra el severo confinamiento. Así, en tiempos de distanciamiento social, las concentraciones multitudinarias se volvieron pan de cada día.

Como si fuera poco, las autoridades, en la vigilia de cientos de mujeres que rendían homenaje a Sarah Everard, secuestrada y asesinada por un policía cuando volvía sola a su casa, empezó por mantener la calma y terminó por dispersarlas a empujones y esposándolas, lo que generó en los días siguientes miles de manifestantes frente el Parlamento y la sede de Scotland Yard, que protestan contra la actuación policial. Boris aprovecha el S.O.S. y la desescalada para tomarse una pinta de cerveza.