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¿Europa al revés?

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Evitando el debate de lo acertado o no de interpretar las relaciones internacionales con una lógica centro-periferia, donde estaría un país que en poco más de tres semanas ha realizado 2.000 allanamientos sin mandato judicial, ha detenido a más de 210 personas mientras los investiga, ha cerrado tres templos religiosos por sospecha de extremismo y se ha abrogado el derecho de realizar, en territorio extranjero, casi una docena de bombardeos.

Con seguridad, nos apresuraríamos a pensar que se trata de un país de la periferia, lejos de los valores que profesa el centro (Estados Unidos, Reino Unido y otros países del norte y centro de Europa). Sin embargo, es Francia, que invadida por el miedo resultante de los atentados del 13 de noviembre, sin reparo restringe derechos y garantías ciudadanas dentro y fuera de su territorio. 

Con pocas voces críticas, y un entorno politizado por el debate electoral de las elecciones regionales que empezaron el domingo pasado y terminarán el que viene con triunfo de la extrema derecha, la sociedad francesa apoya casi unánimemente las medidas, mientras la popularidad del presidente Hollande se dispara, al punto que se siente legitimado para proponer cambios a la Constitución que permitan retirar la nacionalidad a yihadistas -aunque hayan nacido en Francia- y mantener varias de las medidas adoptadas cuando finalice el estado de excepción. 

El miedo que asalta a propios y extraños en Europa favorece una serie de medidas y actitudes tan sectarias como el extremismo religioso que pretenden combatir. Empezando por el miedo a la migración, al que tanto hemos aludido en esta columna, y que no ha permitido poner de acuerdo a los países de la UE, que con posturas diametralmente diferentes no saben cómo acoger a 160.000 refugiados de los más de 700.000 que han llegado al continente. Pese a los anuncios del final del verano, solo se han reubicado 159 personas, esto es el 0,099% de la meta. 

Con una agilidad inversamente proporcional a la necesaria para enfrentar la crisis derivada de la inmigración, muchos estados se solidarizan con el llamamiento francés al enfrentamiento bélico en las zonas de Siria e Irak que controla el autodenominado Estado Islámico (EI). Reino Unido y Alemania apoyan la intervención, Finlandia e Irlanda aligeran la carga militar francesa en África y Oriente Medio, mientras que Austria, Portugal y Bélgica aún no definen su rol.

El mismo miedo que alimenta medidas de Estado y que brinda dividendos a los políticos, es el que lleva a los ciudadanos del común a las actitudes xenófobas en contra de los musulmanes. En las calles de Europa cada vez importa menos que la mayoría de los musulmanes no sean ni radicales, ni seguidores del EI. Parafraseando a Owen Jones (The Guardian), irónicamente, islamófobos y terroristas están de acuerdo entre sí: piensan como extremistas.

Como nos recordaba María Jimena Duzán (Semana), ni el EI es el grupo terrorista que más terror está infligiendo en el mundo, ni Europa es el único continente que padece el terrorismo, sin embargo, lo que sucede en el centro nos afecta a todos y lo que se da en la periferia a muy pocos. Revisemos el Índice de Terrorismo Global, y constataremos la imposibilidad de colocar nuestra imagen del whatsapp con las transparencias de los colores de las banderas que lo padecen. Los estudiantes del Externado no dudaron en llenar el asta que sostenía a media altura la bandera francesa con muchas de estas hechas de papel.

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