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¿El año de los patriotas?

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En las antiguas civilizaciones ya se discutía sobre el arte de gobernar, la política económica y la estrategia militar, y también reflexionaban sobre la sociedad, el Estado y la naturaleza cíclica de la historia. Chandragupta Maurya, Confucio y Lao-Tsé aportaron muchas reflexiones al origen y desarrollo de las ideas que en Occidente, con Platón y Aristóteles, se centraron en la discusión de la organización política, y luego evolucionaron a limitar el poder y garantizar la libertad individual. Estos siglos de reflexión, evolución y consolidación de las ideas no aseguran derechos ni fijan límites, pues seguimos reivindicando las libertades más elementales frente al abuso de poder. Sandra León dice que es la capacidad del ser humano de repetirse infinitamente en la ignorancia, el error y el fracaso colectivo.

En Coblenza, ciudad alemana, pocas horas después de que Trump asumiera la presidencia de los EE.UU., se dieron cita los autodenominados “patriotas europeos” en una cumbre populista fundamentada en el nacionalismo que quiere reformular las ideas políticas del continente. Con veto a varios medios y con el cubrimiento oficial de Russia Today, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés; Geert Wilders, fundador del partido holandés Por la Libertad; y Frauke Petry, de Alternativa para Alemania, entienden que esta es su oportunidad para lograr esa transformación. Acompañados por Harald Vilimsky, del Partido de la Libertad de Austria -que por poco alcanza la presidencia en 2016- y Matteo Salvini, líder del partido regionalista italiano Liga Norte, no dudaron en unir fuerzas y exaltar el régimen de Putin y la asunción de Donald Trump.

Reescribiendo la historia Le Pen negó que el nacionalismo hubiera sumido a Europa en la guerra, pues “a partir del momento en que abandonemos la prisión de la Unión Europea, veremos renacer la diversidad de culturas y naciones de Europa”. Insistía en que “esta diversidad no es sinónimo de guerra, como años de ideología nos lo han hecho creer”, en referencia a la UE. No dudó en insistir que “la guerra es este mercado forzado”, y con la audacia e indignidad de los débiles políticos -a expensas de otros-, aseguró que “la guerra son estas élites que nos llaman a armarnos contra el señor Trump, o contra el señor Putin”.

Como si los “orgullos nacionales” fueran a mantener la paz y mejorar las perspectivas del continente, el discurso de Vilimsky, celebró sin ambages la exaltación nacionalista como remedio contra los males de la globalización “abandonar las posiciones políticamente correctas desatará en Europa continental una primavera patriótica”.

La exaltación del miedo que tantos réditos les da a estos movimientos -aupados por el discurso análogo de Trump-, identifica a los musulmanes como el enemigo, con el fin de cerrarles las fronteras, crear bases para rastrearlos, revisar los casos de los refugiados y eliminar el derecho de asilo. De ahí que Petry no dude en usar como caballito de batalla la política de brazos abiertos de Merkel y Wilders prometa cerrar mezquitas y prohibir el Corán, mientras que Le Pen considera el traje de baño de las musulmanas como el “uniforme del fundamentalismo”.

Racismo y prejuicio facilitado por la ignorancia que ve en Putin, el Brexit y Trump una oportunidad. Como cerrábamos el 17 de noviembre pasado, opongámonos a las mentiras, extremismos y desgano -que se traduce en regresión de las libertades- con más democracia, pero participando en ella.

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