Analistas

¿Brexit, oportunidad para la UE?

Antes de la convocatoria al referendo que aprobó el Brexit, David Cameron aprovechó la estrategia revisionista del RU, y en 2013 anunció un referendo sobre su permanencia en la UE, sin decir que buscaba contrarrestar el avance de los nacionalistas del Ukip y revitalizar su partido. Desde entonces, amenazó al presidente de la Comisión Europea, exigió cuotas de inmigrantes de la Unión, desconoció el aporte neto de estos al Reino (20.000 millones de euros entre 2002 y 2011), y convirtió en disputa con Bruselas un ajuste marginal al presupuesto. Ya había arrinconado la alternativa para el Mediterráneo, y avisaba de la expulsión de los inmigrantes comunitarios que no lograran empleo en seis meses y quería quitarse de encima al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Así, Cameron, en noviembre de 2015, condicionó cínicamente su defensa de la permanencia del RU en la UE en el reciente referendo -que él anunció y convocó- con exigencias presentadas al Consejo Europeo: en materia económica instó que no se de discriminaran los negocios entre los Estados de la zona euro con los que no pertenecen a esta; que la unión bancaria fuera voluntaria para los países que no han adoptado el euro y que los contribuyentes de estos países no sean financieramente responsables de las operaciones de apoyo a la zona euro; que la supervisión bancaria de los no euro, sea competencia exclusiva de las instituciones nacionales, no del Banco Central Europeo.

En materia de competitividad pidió reducir costos derivados del mercado interior reforzando el mercado único digital y la unión de los mercados de capitales; además busca decididamente, la concreción de los acuerdos comerciales de la Unión con las principales áreas del mundo: Estados Unidos, China, Japón y la Asean. En cesión de competencias, señaló que debía reconocérsele al RU que no tiene que estar de acuerdo con una Unión más profunda, pese a que lo señale el segundo párrafo del art. 1 del Tratado de la UE y reclamó mayor competencia de los parlamentos nacionales para poder bloquear propuestas legislativas de la Unión.

En inmigración propuso controlar la migración de terceros Estados, exigió acabar con los falsos matrimonios y prevenir la delincuencia, pese a que en su caso se trata de competencias nacionales. Más grave para los intereses comunes, en materia de libre circulación de las personas provenientes del resto de la Unión, solicitó limitar los beneficios que disfrutan los inmigrantes de otros Estados miembros a la seguridad social y vivienda a la necesidad de haber cotizado durante cuatro años para acceder a estas prestaciones.

Esta integración a la medida -que generó nuestras reflexiones en Valencia, y que fueron propiciadas por la oportunidad señalada por Fernández con fundamento en el insolidario RU- no solo han sido acogidas por las instituciones europeas, sino que se justifican como compatibles con los tratados y desconocen el efecto cascada entre los demás Estados. El 10 de marzo y el 16 de junio opinamos sobre lo que, a nuestro juicio, ha sido la deconstrucción europea siguiendo -paradójicamente- el método Monnet que permitió su construcción “pequeños avances en la integración que hacen que no haya vuelta atrás al tejer una unión cada vez más estrecha, sería reemplazado por una deconstrucción también paulatina”, la salida del RU -una vez denuncie los tratados constitutivos- ralentizará  esta deconstrucción y será una ocasión para retomar el debate de una supranacionalidad sin excepciones.